El escenario se había complicado previamente con la presentación judicial de Wade, otra de las empresas del conglomerado. Las dificultades se extendieron luego a distintas áreas de la estructura empresarial, con problemas financieros, reclamos judiciales y laborales, reducción de operaciones y cierre de establecimientos.
Los números muestran la magnitud del deterioro. Granja Tres Arroyos acumula más de 5.700 cheques rechazados por un monto superior a $91.800 millones, mientras que su deuda bancaria supera los $32.600 millones. A esto se suman ocho pedidos de quiebra presentados contra la compañía.
Las dificultades también alcanzaron a otras sociedades del grupo. En Wade se registraron 690 cheques rechazados por aproximadamente $7.955 millones, mientras que Avex acumuló otros 755 documentos rechazados por alrededor de $7.300 millones.
La decisión de recurrir al concurso preventivo llega después de que fracasara una estrategia destinada a evitar esa instancia. El plan contemplaba una reestructuración de aproximadamente US$350,9 millones, con quitas de hasta el 75%, extensión de los plazos de pago por hasta siete años, incorporación de nuevos inversores y venta de activos considerados no estratégicos. Las negociaciones, sin embargo, no consiguieron alcanzar el resultado esperado.
Mientras se desarrollaban esas conversaciones, las distintas empresas del grupo continuaron acumulando obligaciones impagas y enfrentando reclamos judiciales, conflictos laborales y dificultades internas. La situación terminó repercutiendo sobre la estructura industrial y obligó a reducir el nivel de actividad.
El ajuste comenzó a profundizarse entre 2025 y 2026. El grupo aplicó retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, reducciones temporales de salarios y una concentración de la producción. Durante este año, además, fueron desvinculados 1.730 trabajadores en Buenos Aires y Entre Ríos, una cifra que representa más de una cuarta parte de la plantilla.
La reducción de la actividad también alcanzó a las plantas. A fines de agosto se anunció la paralización “transitoria” de establecimientos ubicados en Pilar, Capitán Sarmiento y Esteban Echeverría. La planta La China, ubicada en Concepción del Uruguay, había dejado de funcionar algunos meses antes.
Los trabajadores también denunciaron atrasos en el pago de salarios correspondientes a distintos meses de 2026. A su vez, señalaron que algunos empleados que habían aceptado retiros voluntarios recibieron cheques que posteriormente fueron rechazados.
El impacto de la crisis excede así la situación financiera y alcanza directamente la capacidad productiva de una compañía que llegó a tener un peso significativo dentro del empleo y la producción avícola nacional.
Durante su etapa de mayor expansión, Granja Tres Arroyos llegó a emplear aproximadamente a 6.500 personas y operó hasta ocho plantas de faena distribuidas entre Argentina y Uruguay. La empresa llegó a representar más del 20% de la producción avícola argentina y destinaba cerca del 35% de su producción al mercado externo.
La historia de la compañía comenzó en la década de 1930, cuando Gaspar De Grazia, un inmigrante italiano, inició sus actividades con la venta de pollos en Buenos Aires. Su hijo, Joaquín De Grazia, posteriormente amplió el negocio y desarrolló un esquema de integración vertical que abarcó desde la genética y la incubación hasta el procesamiento y la exportación.
El crecimiento se aceleró posteriormente a partir de distintas adquisiciones. Entre ellas estuvieron la incorporación de Avex y de activos de Cresta Roja a través de Wade. En su mejor momento, el grupo llegó a procesar alrededor de 760.000 pollos por día, exportar a más de 60 mercados y alcanzar una facturación cercana a los US$1.300 millones.
El deterioro del escenario externo tuvo un peso importante en el cambio de situación. Uno de los principales problemas estuvo relacionado con China, que restringió sus importaciones de pollo en 2023. La reapertura esperada para mayo de 2025 no permitió recuperar el flujo comercial que existía anteriormente.
Ante esa situación, el grupo tuvo que buscar otros destinos para colocar su producción, aunque con menores precios y volúmenes. La combinación de esas dificultades externas con una estructura industrial que había alcanzado una dimensión superior a la demanda disponible terminó profundizando los problemas financieros.
El concurso preventivo de Granja Tres Arroyos marca ahora la llegada de la crisis al núcleo principal del grupo empresario, después de un período prolongado de reestructuraciones, reducción de costos, cierre de plantas, pérdida de puestos de trabajo y negociaciones con acreedores que no lograron evitar la instancia judicial.





