Los datos también muestran un deterioro en la estructura productiva. Desde el inicio de esta tendencia cerraron más de 30.000 empresas y se perdieron alrededor de 11.000 puestos de trabajo en el último año, incluso en algunas de las actividades que registraron crecimiento.
La divergencia entre actividad e inversión se mantiene desde comienzos de 2025. Se trata de un comportamiento poco frecuente en la economía argentina, donde históricamente ambas variables suelen evolucionar en la misma dirección.
Una de las principales razones se encuentra en el consumo. Cuando las familias aumentan sus compras, las empresas suelen ampliar su capacidad, incorporar maquinaria y poner en marcha nuevos proyectos. En cambio, cuando el consumo se debilita, las compañías pueden operar con capacidad ociosa y tienen menos incentivos para invertir.
Los registros históricos muestran la estrecha relación entre ambas variables. Desde 1993, en 122 de 125 trimestres el crecimiento y la inversión se movieron en la misma dirección. El escenario actual lleva cuatro trimestres consecutivos en sentido contrario.
Las expectativas empresariales sobre el consumo futuro y el nivel de las tasas de interés son factores centrales para las decisiones de inversión. En paralelo, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y el mayor peso de los servicios dentro del presupuesto familiar reducen la capacidad de consumo.
A esto se suma que, pese al crecimiento del PBI, los salarios registrados muestran una caída y los despidos aumentaron, particularmente en el sector privado.
El crecimiento reciente se concentra principalmente en el agro, la minería y los servicios financieros, actividades que explican alrededor del 80% de la expansión. En cambio, la industria, el comercio y la construcción continúan registrando retrocesos.
Esta composición del crecimiento tiene un impacto directo sobre el mercado laboral. Los sectores que avanzan no generan suficientes puestos para compensar los empleos que se pierden en las actividades que atraviesan dificultades.
Vaca Muerta aparece como uno de los principales motores de la expansión, pero su capacidad para absorber trabajadores es limitada frente a la pérdida de empleo en otras actividades y regiones. El crecimiento de la actividad energética, por lo tanto, no alcanza para compensar el retroceso del resto del mercado laboral.
El escenario también plantea interrogantes sobre el modelo de crecimiento basado en actividades extractivas. Experiencias como las de Australia y Noruega muestran que este tipo de desarrollo puede generar recursos, aunque se trata de países que partieron de condiciones diferentes, con mayores recursos por habitante y estructuras impositivas distintas.
Otro factor de preocupación es el avance de las importaciones de insumos y bienes terminados, que podría desplazar hasta 350.000 puestos de trabajo, especialmente en sectores como el textil. El problema radica en que las actividades que actualmente impulsan el crecimiento no coinciden con aquellas que concentran la mayor generación de empleo.
Para recuperar la inversión, las empresas necesitan señales de una mejora sostenida del consumo. El crédito puede contribuir a ese proceso, aunque el elevado endeudamiento de los hogares limita su capacidad para asumir nuevas obligaciones.
En ese contexto, el Gobierno nacional anunció el relanzamiento de créditos hipotecarios con una tasa máxima del 7,5% más UVA. La medida busca facilitar el acceso al financiamiento y transmitir una señal de menor inflación, al establecer además un límite al costo de los préstamos.
El endeudamiento de los hogares representa, sin embargo, una restricción adicional. Entre los jóvenes de 18 a 25 años, la mitad se encuentra endeudada y en situación de mora, lo que limita el acceso a nuevos créditos y reduce el margen disponible para el consumo.
El problema de la mora está asociado principalmente con la caída de los ingresos y no solamente con un aumento del crédito. En este escenario, uno de los principales desafíos es impulsar actividades con mayor capacidad para generar empleo, acompañadas por un sistema impositivo adecuado, un tipo de cambio competitivo y una apertura comercial regulada.
La distribución del empleo también ayuda a explicar la diferencia entre crecimiento y bienestar. El agro representa alrededor del 5% del empleo total, mientras que las actividades más afectadas concentran más del 40%. Por eso, aunque la economía muestre crecimiento en términos de PBI, la recuperación no alcanza necesariamente a los sectores que concentran la mayor cantidad de trabajadores.





