Gervasoni sostuvo que el actual escenario combina la pérdida de valor de la producción con un contexto económico adverso para las familias vinculadas a la actividad. Afirmó que los ingresos avanzan a un ritmo muy inferior al de los costos y cuestionó las cifras oficiales de inflación a partir de la experiencia cotidiana de quienes deben afrontar servicios y gastos.
Para el dirigente, la situación puede adquirir características terminales para parte de la cadena yerbatera. Señaló que ya está afectando a cooperativas, pequeños secaderos y pequeños molinos, mientras que los productores reciben valores que, según su diagnóstico, prácticamente no les dejan rentabilidad.
La situación también vuelve a generar imágenes que recuerdan a períodos anteriores. Gervasoni señaló que en los caminos vecinales de Misiones comenzaron a aparecer nuevamente carteles de venta de chacras, una escena que, según recordó, había sido frecuente durante la década del 90.
El productor continúa cosechando porque necesita mantener el ciclo de la planta y sostener la producción, pero el ingreso obtenido no le permite generar ganancias. A esto se suma el impacto sobre los tareferos y sobre el resto de los integrantes de la cadena. Para Gervasoni, la crisis ya alcanzó a todo el entramado yerbatero, una actividad que considera parte de la identidad y la historia de Misiones.
Uno de los factores que, según su análisis, agravó la situación fue el ingreso de yerba proveniente de Paraguay y Brasil a precios inferiores a los locales. El dirigente cuestionó la desregulación implementada durante la gestión de Javier Milei y sostuvo que la diferencia de valores termina presionando hacia abajo el precio que reciben los productores misioneros.
En ese contexto, planteó la necesidad de volver a limitar el ingreso de yerba proveniente del exterior, priorizar la producción de Misiones y procurar que el envasado de la producción se realice en la provincia y no en Corrientes. También cuestionó el rol que, según su mirada, tuvo la conducción del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) en las políticas aplicadas durante la actual gestión nacional.
Gervasoni también relacionó la situación económica de los productores con un fenómeno que definió como “esclavitud económica”. Su argumento es que los pequeños yerbateros continúan entregando su producción porque necesitan afrontar gastos básicos, impuestos y deudas, aun cuando la actividad no les permita obtener ganancias. En ese escenario, sostuvo que los problemas económicos severos pueden derivar en situaciones de depresión e incluso suicidios dentro de las familias afectadas.
El dirigente, sin embargo, reconoció que la desregulación era una política que Javier Milei había anunciado durante su campaña y que luego llevó adelante. En su análisis, la llegada del actual modelo económico también debe ser entendida en el contexto de años de dificultades y frustraciones acumuladas en la Argentina, incluyendo las condiciones económicas que dejó la gestión de Alberto Fernández.
Mientras la producción yerbatera enfrenta esta situación, los mercados concentradores de Misiones cumplen una función diferente dentro de la economía provincial. Según Gervasoni, estos espacios representan una forma de presencia estatal que busca acercar alimentos y otros productos a los consumidores a precios inferiores a los registrados en otros puntos de venta.
Los productores que ocupan los puestos reciben gratuitamente un espacio y cuentan con servicios de cámara frigorífica para productos frutihortícolas y cárnicos, además de limpieza, agua y energía eléctrica. A cambio, se les exige que mantengan una oferta de productos a precios considerados justos y que prioricen la producción misionera.
El objetivo no es establecer formalmente un precio regulado, sino generar una referencia diferente a la del mercado general. Como ejemplo, Gervasoni planteó que si un kilo de papas cuesta $2.000 fuera del mercado concentrador, dentro de esos espacios debería venderse al menos un 20% más barato, precisamente por el acompañamiento que brinda el Estado.
Los distintos puestos que comercializan productos similares deben mantener precios equitativos, aunque cada vendedor puede realizar ofertas particulares. La permanencia de los productores tampoco está limitada a un período determinado: pueden continuar mientras tengan capacidad de producir y mantener un abastecimiento constante. Las condiciones principales son la continuidad y la calidad de la mercadería.
La cantidad de personas que concurren a estos establecimientos muestra además el alcance que adquirieron. En Posadas ingresan unas 54.000 personas por mes, mientras que en Eldorado lo hacen alrededor de 5.000 y en Oberá unas 15.000. El volumen de público llevó a que estos espacios dejaran de estar vinculados exclusivamente con los sectores populares y comenzaran a recibir también a consumidores de clase media.
La crisis económica amplió esa demanda. Gervasoni señaló que actualmente la búsqueda de precios más bajos atraviesa a distintos sectores sociales y sostuvo que muchas familias ya tienen dificultades para llegar a fin de mes. En su descripción del escenario, consideró que parte de la antigua clase media pasó a tener características de una clase trabajadora y que la clase media alta también sufrió un deterioro.
Los mercados concentradores presentan además diferencias respecto de las ferias francas. Estos últimos espacios no cuentan con cámaras frigoríficas ni con una cantidad permanente de consumidores comparable. También existe, según Gervasoni, una mayor presencia de revendedores en las ferias, mientras que en los mercados concentradores se intenta priorizar la participación directa de productores o, al menos, de vendedores que comercialicen producción misionera.
Actualmente funcionan tres mercados concentradores en la provincia. La posibilidad de ampliar esa red con nuevos establecimientos quedó postergada debido a la situación económica que atraviesa Misiones.
La demanda de alimentos es uno de los factores que, según el dirigente, explica la importancia que adquirieron estos espacios. En ese sentido, mencionó una instrucción del gobernador Hugo Passalacqua para concentrar esfuerzos en la producción de alimentos ante la posibilidad de que aumenten las dificultades para acceder a comida a precios accesibles.
Los mercados concentradores también ampliaron su oferta más allá de los alimentos. Actualmente incluyen productos de limpieza y hasta puestos de artesanos, con una propuesta que busca responder a las necesidades de un público más amplio y a la creciente búsqueda de alternativas de consumo de menor costo.





