Las estimaciones empresarias ubican el tipo de cambio oficial mayorista entre $1900 y $1950 hacia diciembre de 2027, con una inflación interanual cercana al 19% y un crecimiento de la actividad de alrededor del 3%. Las previsiones oficiales, en cambio, contemplan un dólar mayorista promedio de $1847,60 para ese mes, una inflación del 18% y una expansión del PBI del 4%.
El escenario electoral aparece como uno de los principales factores de incertidumbre. Las empresas consideran que la cercanía de los comicios podría incrementar la demanda preventiva de cobertura cambiaria y volver más sensibles las expectativas financieras. De todos modos, las proyecciones no contemplan modificaciones en la orientación general del programa económico.
En este marco, se plantea que la consolidación política posterior a 2027 podría dar lugar a una segunda etapa de reformas estructurales, con foco en los sistemas tributario y previsional y en la normalización regulatoria. Desde esta perspectiva, esas medidas contribuirían a darle mayor consistencia al programa, reducir el riesgo de reversión y favorecer decisiones de inversión de mayor plazo.
La evolución del dólar estará vinculada también con el comportamiento de las reservas. Si bien una mayor previsibilidad del programa financiero reduciría los riesgos en el corto plazo, el proceso electoral podría generar períodos de volatilidad y una mayor búsqueda de cobertura cambiaria.
Para 2027, la estimación ubica al dólar oficial mayorista entre $1900 y $1950, en un escenario de relativa estabilización del tipo de cambio real luego de la apreciación prevista para 2026. Para este año, la proyección señala un cierre del dólar cercano a $1594, con variaciones acotadas respecto de los niveles actuales.
La mejora de la oferta de divisas sería uno de los factores detrás de esa evolución. También tendrían incidencia el crecimiento de sectores como energía y minería y una política activa de acumulación de reservas por parte del Banco Central. El aumento de las exportaciones, a su vez, podría contribuir a reducir parcialmente la restricción externa que históricamente condicionó los ciclos de expansión de la economía argentina.
En materia de inflación, las previsiones ubican el cierre de 2026 ligeramente por debajo del 30%, mientras que para 2027 se espera una tasa cercana al 19%. El proceso de desinflación continuaría, aunque todavía persistirían factores de inercia, mecanismos de indexación y una recomposición incompleta de los precios relativos.
Entre los componentes que todavía podrían registrar ajustes aparecen las tarifas, los combustibles, el transporte y otros precios regulados. La evolución de estos rubros será uno de los elementos a considerar en las proyecciones empresariales para el próximo año.
Para la actividad económica, la estimación contempla un crecimiento del 2,6% en 2026 y una expansión cercana al 3% en 2027. La continuidad de la desinflación, una recuperación gradual de los ingresos y un mayor dinamismo de los sectores exportadores aparecen como los principales impulsores previstos.
El consumo también forma parte de las expectativas de recuperación. Luego de una expansión del consumo privado estimada en 1,9% para 2026, la proyección para 2027 alcanza al 2,9%, apoyada en una mejora del salario real cercana al 3% y en una recuperación progresiva del crédito. El Presupuesto oficial prevé, por su parte, un aumento del consumo de 3,1% este año y de 3,4% el próximo.
En el consumo masivo se espera una estabilización después de la fuerte contracción de los volúmenes registrada durante los últimos años, mientras que los bienes durables tendrían mayor margen para crecer. A la vez, el canal de comercialización adquiriría una importancia creciente, con el comercio electrónico aumentando su participación y avanzando a un ritmo superior al de los canales tradicionales.
También se proyectan cambios en la distribución geográfica de la demanda. Las regiones vinculadas con la energía, la minería y las actividades exportadoras tendrían un mayor dinamismo, mientras que los grandes centros urbanos mostrarían comportamientos más heterogéneos. Para las empresas, este escenario implicaría elaborar presupuestos con mayor segmentación por producto, territorio, canal y momento de compra.
En el frente externo, las exportaciones crecerían un 8% en 2026 y un 5% en 2027. Las importaciones, en tanto, registrarían una baja estimada de 0,5% este año y una suba de 5,6% el próximo, en línea con la recuperación de la actividad económica.
En el mercado financiero, la tasa Badlar se ubicaría cerca del 20% hacia fines de 2026 y continuaría descendiendo durante 2027. Las tasas activas bajarían a un ritmo más moderado, condicionadas por factores como el riesgo crediticio, la morosidad y los márgenes de intermediación.
El proceso electoral podría alterar esa trayectoria. Una mayor demanda de cobertura por parte de empresas e inversores podría generar episodios de volatilidad durante 2027 y dificultar una reducción sostenida de las tasas de interés.
El programa financiero previsto para 2026 y 2027, junto con los elevados niveles de rollover, reduciría el riesgo de refinanciamiento. Sin embargo, se contempla que el Tesoro podría enfrentar una mayor demanda de cobertura por parte de los inversores.
En ese escenario, las proyecciones empresarias plantean un 2027 de continuidad del proceso de estabilización, con crecimiento de la actividad, recuperación gradual del consumo y una mayor participación de los sectores exportadores, aunque condicionado por la dinámica electoral y sus posibles efectos sobre el mercado cambiario y financiero.





