El cambio fue especialmente significativo en la cantidad de rubros que presentaban desvíos importantes respecto de los precios de noviembre de 2019. En noviembre de 2023, cerca del 60% de los componentes del índice de precios al consumidor mostraba una diferencia superior al 20% en términos reales frente a aquel período. Para agosto de 2026, esa proporción se había reducido al 20%.
Entre los productos que más retrocedieron en términos reales aparecen la indumentaria, el equipamiento para el hogar y otros bienes durables. El equipamiento para el hogar registra una caída real del 27% respecto de noviembre de 2019, mientras que muebles, electrodomésticos, productos electrónicos y otros bienes importables también se encuentran por debajo de aquel nivel una vez descontada la inflación.
En conjunto, los denominados bienes ancla, favorecidos por la apertura comercial y un tipo de cambio fortalecido, acumularon una baja real del 31% desde 2023. Estos productos todavía podrían registrar aumentos por debajo de la inflación general, aunque ya habrían realizado la mayor parte de su aporte al proceso de desinflación.
La apreciación cambiaria, a su vez, habría alcanzado un límite tanto por su incidencia sobre los precios como por las consecuencias que puede generar sobre la actividad económica y el empleo.
En el sentido contrario, determinados bienes y servicios se encarecieron por encima del promedio. La carne, por ejemplo, presenta un precio 25% superior en términos reales al de noviembre de 2019. Los servicios de restaurantes y hoteles acumulan un incremento real del 37%, mientras que los libros y diarios se encuentran 15% por encima y los insumos para la construcción registran una suba real del 3%.
En el caso de la carne, todavía podría existir cierto margen para una desaceleración de sus precios si se mantiene una demanda reducida y no aparecen nuevas presiones provenientes del mercado internacional. La situación de restaurantes y hoteles responde a un cambio estructural posterior a la pandemia, asociado con un mayor consumo fuera del hogar y la expansión de las aplicaciones de delivery, una modificación que presenta dificultades para revertirse.
También se produjo una recomposición importante en los servicios privados. Alquileres, expensas, medicina prepaga y educación privada recuperaron parte del terreno perdido en los últimos años. Estos servicios atravesaron un proceso de indexación y realineamiento, con una recuperación de rentabilidad, aunque todavía no serían considerados caros en términos históricos.
El principal problema está vinculado con la elevada indexación. El traslado de aumentos acumulados en períodos anteriores hacia los precios futuros puede dificultar una desaceleración sostenida de la inflación. Para avanzar en ese sentido, será necesario reducir progresivamente ese mecanismo.
Las tarifas de los servicios públicos constituyen otro de los componentes que todavía presentan margen para nuevos ajustes. Aunque buena parte de la recomposición ya se realizó, todavía quedarían aumentos pendientes.
En el sector energético, el proceso tuvo una evolución relativamente uniforme en el país, mientras que en el transporte el ajuste fue más marcado fuera del área metropolitana. Aun después de las subas implementadas, la cobertura de costos continúa siendo reducida: se ubica por debajo del 65% en electricidad y gas y por debajo del 35% en el transporte del Área Metropolitana.
Por ese motivo, las tarifas podrían continuar aportando presión sobre el nivel general de precios a medida que avance la recomposición de los costos.
El escenario actual difiere así del que se observaba hacia fines de 2023. Los bienes vinculados con la apertura comercial y el tipo de cambio tuvieron una incidencia relevante en la contención de la inflación, mientras que algunos servicios y tarifas todavía conservan espacio para avanzar en su recomposición.
La mayor parte de los precios relativos se encontraría actualmente cerca de un nuevo punto de alineación. A partir de allí, una eventual etapa de menor nominalidad podría abrir espacio para políticas destinadas a reducir la indexación y la inercia inflacionaria.
Ese escenario quedaría condicionado por la evolución de los precios internacionales y por la sostenibilidad del nivel del tipo de cambio real, además de sus efectos sobre la actividad económica y el empleo.





