“Es una atracción inexplicable, algo que se siente, de curar, de ayudar, de aliviar al que sufre”, afirmó Nahín.
A sus 57 años, lleva 30 de trayectoria en medicina, de los cuales 25 fueron dedicados a la cirugía. Actualmente, es jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital El Cruce, en Florencio Varela, donde lidera el Programa de Tromboendarterectomía Pulmonar. Este procedimiento, de alta complejidad, se realiza en pocos hospitales de Argentina y puede transformar la vida de muchos pacientes que se presentan al quirófano tras años sin un diagnóstico claro.
Su recorrido empezó en 1986, cuando ingresó a la Facultad de Medicina de la UBA. A los 17 años, comenzó a cursar Anatomía y poco después se integró como ayudante de cátedra, lo que reafirmó su inclinación hacia la cirugía.
Se graduó a los 23 años y comenzó su residencia en Cirugía General en el Hospital Naval, un proceso de cinco años seguido de otros cuatro en la Fundación Favaloro, donde se destacó como jefe de residentes.
En 1997, ingresó a la Fundación Favaloro a través de un concurso, uno de los centros más reconocidos mundialmente en cirugía cardiovascular en ese entonces. Durante sus últimos tres años de vida, René Favaloro lo contactaba cada noche para discutir los casos programados para el día siguiente. Para Nahín, estos momentos representaron un aprendizaje valioso que trascendió la formación quirúrgica; adoptó un enfoque particular sobre la medicina.
“Lo que aprendí es la sistematización de la cirugía, muy reglada, el respeto por el paciente, la humildad frente al paciente y la familia. A uno le están dando lo más preciado de su vida cuando alguien te agarra la mano y te da a su persona. Todo eso te va marcando”, expresó.
Entre sus enseñanzas, resuena una frase de Favaloro que lo marcó: “Un cirujano cardio puede temblar la mano, pero no el cerebro”.
Nahín considera vital contar con fortaleza mental en esta especialidad, donde las complicaciones pueden surgir en un instante y deben ser resueltas de inmediato. Comparando su labor con la de un piloto de avión, enfatizó que en situaciones críticas, la calma y el control son esenciales.
A lo largo de su carrera, ha abordado una condición de salud que aún es poco conocida: la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC). Según sus explicaciones, esta puede originarse a partir de una trombosis venosa profunda. El coágulo puede desplazarse hacia los pulmones y, aunque la mayoría de los casos se solventan con anticoagulantes, en un pequeño porcentaje se queda atrapado en las arterias pulmonares y, con el tiempo, se convierte en tejido cicatricial que bloquea el flujo sanguíneo. Cuando esta situación se vuelve crónica, es cuando aparece la enfermedad.
El diagnóstico de HPTEC aún es complicado, lo que puede llevar años hasta que un paciente reciba atención adecuada. “Es una enfermedad subdiagnosticada a nivel mundial, está debajo del radar del 90% del personal”, subrayó Nahín. Estima que en Argentina existen alrededor de 5000 personas que padecen esta condición, sin recibir el diagnóstico correspondiente, con tiempos de espera que oscilan entre dos y dos años y medio.
Entre los jóvenes, la falta de aire frecuentemente se atribuye al asma, mientras que en personas mayores, suele diagnosticarse como EPOC. “Es la enfermedad sin dueño, vive en los márgenes de varias especialidades y en el centro de ninguna”, describió.
La tromboendarterectomía pulmonar es la cirugía recomendada para ciertos pacientes. Este procedimiento implica enfriar el cuerpo a 18 grados, detener el corazón y operar las arterias pulmonares para remover el tejido obstructivo. Es un procedimiento tan específico que se realiza únicamente en pocos centros especializados en el mundo. En Argentina, el Hospital El Cruce es el único hospital público que realiza esta cirugía.
Nahín se unió a este hospital en 2012 cuando se inició el programa. En 2014, viajó a Canadá para capacitarse con Marc de Perrot, el único en efectuar esta cirugía en ese país. Su regreso significó la instauración de un equipo completo, que incluía perfusionistas, anestesistas y médicos recuperadores.
El programa creció desde la primera cirugía realizada el 21 de junio de 2016, a una paciente derivada desde San Luis. Este año, se lograron diez operaciones, con proyecciones de alcanzar quince para fin de año.
Sin embargo, la mayor complicación inicia mucho antes de que un paciente llegue al quirófano. La HPTEC sigue siendo poco reconocida, lo que convierte en un gran desafío la posibilidad de que los médicos consideren esta enfermedad.
La condición puede surgir tras una embolia pulmonar, pero en hasta el 25% de los casos no se identifica un antecedente claro. Los primeros síntomas suelen ser sutiles; como el caso de una paciente profesora de baile que notó que no podía finalizar una canción: “Las canciones duran tres minutos. Bailé dos minutos y me cansé”, recuerda Nahín.
Para visibilizar esta enfermedad, se celebró en octubre el primer Congreso Argentino de Hipertensión Pulmonar Tromboembólica Crónica, organizado por la Asociación Multidisciplinaria Argentina de Hipertensión Pulmonar Tromboembólica Crónica, presidida por Nahín. El objetivo es ampliar la formación más allá de aquellos que trabajan con esta condición, integrando herramientas para que otros médicos puedan reconocerla y derivar a pacientes a centros especializados.
La HPTEC no cuenta con un tratamiento único. Dependiendo de cada caso, los equipos pueden sugerir una tromboendarterectomía pulmonar, una angioplastia pulmonar con balón o un tratamiento farmacológico.
Para Nahín, es fundamental no normalizar síntomas que carecen de explicación. “El síntoma capital de esta enfermedad es la falta de aire. No es normal que te falte el aire. Cuando esa falta de aire no tiene una explicación, puede ser esta enfermedad”, concluyó.
Recomienda también buscar siempre una segunda opinión cuando se sospecha de un diagnóstico incorrecto. Después de tres décadas dedicadas a la medicina, Nahín persiste en su objetivo de ayudar, especialmente frente a una enfermedad que permanece invisibilizada para muchos médicos y pacientes. “Queda mucho trabajo por hacer”, concluyó.





