El comportamiento de las ventas estuvo asociado a una menor disponibilidad de ingresos luego del cobro del medio aguinaldo y al mayor peso de los gastos en servicios sobre los presupuestos familiares durante los meses de invierno. La menor liquidez llevó a los consumidores a adoptar una actitud más cautelosa y redujo el ritmo de la actividad comercial.
El retroceso alcanzó a seis de los siete sectores relevados. Textil e indumentaria registró la mayor caída interanual, con una baja del 5,6%. Le siguieron Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, con un descenso del 5,5%, y Alimentos y bebidas, que retrocedió 5,4%.
El único rubro que mostró una mejora fue Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción, con un incremento interanual del 1%.
En contraste con la evolución general de las ventas, las operaciones realizadas por internet en comercios que cuentan con locales físicos aumentaron 14,9% respecto de julio del año anterior. En comparación con junio, sin embargo, registraron una leve baja del 0,1% en términos desestacionalizados.
El deterioro del poder adquisitivo y el incremento de los costos de los servicios durante el invierno llevaron a una demanda más concentrada en bienes considerados prioritarios. Los consumidores destinaron una mayor proporción de sus ingresos a productos esenciales, medicamentos e insumos de reposición inmediata, mientras postergaron compras de bienes durables, indumentaria, muebles y otros artículos de mayor valor.
Las promociones bancarias, las billeteras digitales y los descuentos por pagos al contado continuaron teniendo un papel importante en las ventas, en un contexto de menor margen de financiamiento disponible para los consumidores.
Para los comercios, el escenario también estuvo marcado por una presión creciente sobre la rentabilidad. La reducción de los márgenes se produjo en paralelo con el aumento de los costos de reposición, mayores gastos logísticos y una mayor competencia de productos provenientes del sector informal y de las importaciones.
La percepción de los comerciantes sobre la actividad también mostró un deterioro. El 48,1% de los empresarios consultados consideró que su nivel de actividad se mantuvo estable frente al mismo período del año anterior, dos puntos porcentuales menos que en junio.
Al mismo tiempo, aumentó la proporción de comerciantes que calificó como desfavorable la situación de sus negocios. El indicador pasó del 43,1% en junio al 44,5% en julio.
Las expectativas para los próximos 12 meses, en cambio, mostraron una mejora. El 46,3% de los consultados prevé que su nivel de actividad se mantendrá sin cambios significativos, mientras que el 42,4% espera una mejora. Esta última proporción aumentó 4,7 puntos porcentuales respecto de la medición anterior.
Solo el 11,3% de los comerciantes anticipa un deterioro de la actividad durante los próximos 12 meses.
La cautela también se refleja en las decisiones de inversión. El 61,5% de los comerciantes considera que el momento actual no es adecuado para realizar inversiones de capital, mientras que el 14% sostiene una posición favorable y el 24,5% no tomó una postura definida.
En este contexto, las pymes mantienen una estrategia centrada en preservar el flujo operativo y limitar los desembolsos de capital, mientras enfrentan una combinación de menores ventas, mayores costos y presión sobre los márgenes de rentabilidad.





