El régimen jubilatorio establece una edad mínima de 60 años para las mujeres y de 65 para los hombres, además de tres décadas de contribuciones. Por ese motivo, las moratorias tuvieron un papel central para quienes no pudieron completar los aportes durante su trayectoria laboral. Con la reducción de las posibilidades de regularización, el acceso al beneficio se volvió más complejo para una parte de la población.
Los datos también muestran una disminución en comparación con períodos anteriores. Según las cifras mencionadas en el relevamiento, las nuevas jubilaciones otorgadas durante los primeros nueve meses de 2026 fueron un 52% inferiores a las registradas en el período de referencia de 2024. Entre quienes sí consiguieron acceder al beneficio, el 43% necesitó recurrir a una moratoria para regularizar períodos sin contribuciones.
La informalidad aparece como uno de los factores centrales de esta situación. Se estima que alcanza al 45% de las personas ocupadas, es decir, casi cinco de cada diez trabajadores se desempeñan sin aportes jubilatorios, vacaciones pagas ni aguinaldo. Estas condiciones no solo afectan los ingresos durante la vida laboral, sino que también dificultan reunir los requisitos necesarios para acceder a una jubilación.
El problema alcanza a distintas generaciones. Quienes actualmente se encuentran lejos de la edad de retiro también pueden verse afectados por las interrupciones del empleo registrado y la falta de contribuciones. La cantidad de años aportados durante la vida activa será determinante para establecer las condiciones de acceso a las prestaciones futuras.
A esta situación se suma el crecimiento del monotributo, un régimen que contempla contribuciones previsionales, aunque con efectos diferentes a los de los aportes realizados en una relación de dependencia. Quienes desarrollaron toda su trayectoria laboral bajo esa modalidad suelen acceder al haber mínimo, mientras que las personas que alternaron períodos como monotributistas con empleos registrados pueden incorporar esos aportes al cálculo de su prestación.
El financiamiento del sistema previsional no depende exclusivamente de las contribuciones de los trabajadores activos. También recibe recursos provenientes de distintos impuestos, algunos con asignaciones específicas. Sin embargo, los aportes de los empleados registrados representan una fuente relevante de ingresos para sostener las prestaciones.
En cuanto a los haberes, el ingreso mensual de quienes acceden a la jubilación mínima ronda los $505.000, según la estimación mencionada en el análisis. Ese monto plantea dificultades para afrontar los gastos cotidianos y lleva a que, en numerosos casos, la prestación funcione como un complemento de otros ingresos familiares.
La posibilidad de continuar trabajando después de alcanzar la edad jubilatoria depende de diferentes circunstancias, entre ellas el estado de salud, la actividad desarrollada y las condiciones laborales acumuladas a lo largo de los años. Las tareas vinculadas con el petróleo o las embarcaciones, por ejemplo, presentan características que deben considerarse al evaluar las posibilidades de prolongar la vida laboral.
En paralelo, el debate previsional incluye propuestas para modificar las edades de retiro. Entre las alternativas planteadas figuran equiparar en 65 años la edad jubilatoria de mujeres y hombres, así como elevarla progresivamente hasta los 68 o 70 años.
Las propuestas abren una discusión sobre la necesidad de contemplar el aumento de la expectativa de vida y las diferencias entre las actividades laborales. También ponen en consideración las condiciones en las que cada persona llega a la edad de retiro, especialmente en el caso de quienes tuvieron empleos informales o trayectorias contributivas discontinuas.
La caída en la cantidad de nuevas jubilaciones, la menor disponibilidad de mecanismos para completar aportes y las diferencias entre los regímenes laborales exponen las dificultades de acceso al sistema previsional. El escenario afecta tanto a quienes están próximos a retirarse como a los trabajadores jóvenes, cuya futura cobertura dependerá de las contribuciones que logren acumular durante su vida activa.





