En un contexto donde escuchar mensajes de audio a doble velocidad, cambiar de contenido rápidamente y evitar detenerse se han vuelto prácticas comunes, la psiquiatra española Marian Rojas Estapé reflexionó sobre cómo este estilo de vida acelera el consumo de información, pero entorpece su comprensión profunda.
Durante una conferencia, un extracto de la cual fue divulgado en su cuenta de Instagram, Rojas Estapé analizó lo que ella denomina el “2X de la vida”, que describe la necesidad de hacer, ver y consumir a un ritmo vertiginoso, sin la posibilidad de procesar plenamente la información que se recibe.
“Incorporamos el 2X a la vida. Nos centramos en lo general y olvidamos los detalles”, afirmó.
La especialista sostuvo que la riqueza de las experiencias cotidianas radica precisamente en esos pequeños elementos que a menudo se pasan por alto al estar absortos en la búsqueda de estímulos inmediatos.
Rojas Estapé usó como referencia la costumbre de acelerar la reproducción de audios. Aunque esta práctica permite captar rápidamente el mensaje general, puede hacer que se pierdan matices importantes como el tono y las pausas, que son esenciales para una comprensión adecuada.
“El 2X de la vida te proporciona una visión superficial, pero no permite reconocer los detalles. Al final, parte de la esencia de la vida y su grandeza está en reconocer esos matices”, indicó.
Según la psiquiatra, esta forma de vida puede llevar a las personas a mantenerse constantemente ocupadas, pero, al mismo tiempo, a sentirse cada vez más desconectadas de lo que realmente hacen.
“Hoy en día, estamos ignorando todos los detalles y yendo directamente a lo general”, advirtió.
Rojas Estapé relacionó esta aceleración con un sistema de recompensa variable que crea la expectativa de recibir estímulos nuevos y atractivos tras cada contenido consumido.
Esta dinámica empuja a las personas a seguir utilizando teléfonos, mirando o escuchando sin un interés genuino por el contenido.
“Es una necesidad de consumir rápido, sin reflexionar sobre lo que se está asimilando”, subrayó.
La velocidad se convierte en una norma que altera no solo la relación con la tecnología, sino también la capacidad para mantener la atención y experimentar momentos de tranquilidad.
Rojas Estapé también subrayó la discrepancia entre el avance material y tecnológico de la sociedad y la atención que se le otorga al bienestar emocional.
Según su perspectiva, la cultura actual está predominantemente enfocada en lo que es observable en el exterior.
“Estamos en un mundo tan centrado en lo externo que se ha descuidado el mundo interior”, aseguró.
Como ejemplos del progreso exterior, mencionó edificios, hospitales, avances científicos y la inteligencia artificial, campos que continúan evolucionando.
Sin embargo, este crecimiento no necesariamente proporciona herramientas para enfrentar experiencias como el miedo, la soledad, el vacío o la tristeza.
“No hay una guía sobre cómo gestionar el miedo a la soledad, el vacío o la tristeza”, expresó la especialista.
Rojas Estapé agregó que atender las necesidades del mundo interno requiere tiempo y una reducción deliberada del ritmo de vida.
Sin embargo, esta elección puede chocar con hábitos ya arraigados y las exigencias de un entorno que valora la rapidez.
“No estamos dedicando suficiente tiempo al mundo interior, porque parece que detenerse es una opción poco realista. La dinámica actual es tan rápida que frenar puede parecer un acto contracultural”, reflexionó.





