El martes pasado, la FIFA inició un proceso consultivo con las federaciones para evaluar un plan que busca explotar los derechos comerciales de la entidad, que abarcan emisiones, patrocinios, licencias, venta de entradas y servicios preferentes en sus competiciones más relevantes. El objetivo de este proyecto es fomentar iniciativas de desarrollo a largo plazo, como la construcción de estadios y centros de entrenamiento nacional, que resultan poco accesibles con los programas actuales.
La propuesta ha enfrentado una fuerte resistencia por parte de la UEFA, cuyos principales dirigentes sostienen que privatizar una parte del negocio perjudicará el futuro del fútbol. Además, critican que la forma en que Infantino planea implementar esta iniciativa, sin una revisión adecuada por parte del Consejo Directivo, socava los principios de gobernanza de la FIFA.
La Concacaf, la Confederación Asiática y la Confederación de Oceanía también compartieron su sorpresa ante el lanzamiento del proyecto.
Ante estas objeciones, Infantino envió un comunicado a todas las federaciones para clarificar los aspectos más polémicos de la propuesta y disipar inquietudes.
Según la FIFA, la FFE sería una filial controlada por la entidad, encargada de gestionar los derechos comerciales y las operaciones de eventos y torneos. Esto incluiría desde la venta de entradas hasta la formalización de acuerdos de patrocinio y derechos de transmisión, con el fin de incrementar el valor de estos activos y beneficiar a las federaciones.
De acuerdo con el proyecto, la FIFA conservaría el control exclusivo de la FFE, manteniendo la mayoría en la Junta Directiva y al menos el 80% del capital social. Solo se podría ofrecer hasta un 20% a la venta para financiar actividades de desarrollo, y únicamente en aquellas federaciones que lo requieran.
Infantino enfatizó que la FIFA continuará siendo una entidad sin fines de lucro, gobernada por sus miembros y responsable ante las federaciones. La creación de la FFE no implica la venta de la Copa Mundial ni ninguna faceta relacionada con la gobernanza del fútbol.
En su mensaje, Infantino resaltó que contar con una estructura comercial más robusta permitiría que un mayor porcentaje de los ingresos regrese a las federaciones, facilitando inversiones en infraestructura, selecciones nacionales y en el desarrollo del fútbol base y femenino.
La FIFA garantizó que el deporte que los aficionados adoran no cambiará: la organización seguirá a cargo de sus competiciones principales y de la regulación del fútbol a nivel internacional. La FFE ofrecería experticia comercial para hacer los eventos más accesibles y generar un mayor valor, que podría reinvertirse en el deporte.
El presidente de la FIFA subrayó que la decisión final dependerá de la aprobación de la mayoría de las federaciones y del Consejo de la FIFA, en consonancia con los principios democráticos del organismo.
La propuesta de atraer inversores externos responde a la necesidad de obtener recursos para financiar proyectos que, de otra manera, serían inalcanzables para muchas federaciones. Infantino detalló que la inversión privada ya es común en el fútbol profesional y que la FFE permitiría ampliar el acceso y mejorar la calidad del deporte en cada país, sin que la FIFA pierda su papel central.
El equipo directivo de la FFE se responsabilizaría de negociar derechos de transmisión, gestionar patrocinios y desarrollar nuevas fuentes de ingresos, que se reinvertirían en el Programa Forward.




