Desde el inicio, Boca se mostró decidido a no conformarse con el resultado inicial ni a jugar de manera defensiva. Aunque intentó buscar un gol adicional, el equipo enfrentó dificultades para generar situaciones de peligro. Tomás Aranda, partiendo desde el sector izquierdo y combinando con Lautaro Blanco, buscó adueñarse del juego en el campo rival, dejando claro que no pretendía ceder protagonismo. En esta primera etapa, mostraron cierta fluidez y se acercaron al área adversaria, aunque sin realizar remates efectivos, destacándose una jugada de Aranda que, tras eludir a dos oponentes, disparó un derechazo que se desvió en un defensor.
Sin embargo, esa faceta positiva de Boca se desvaneció rápidamente. A medida que O’Higgins se acomodó en el partido, comenzó a dominar el juego. Aunque no generó situaciones claras, dio la impresión de estar más cerca de abrir el marcador. En cambio, Boca, privado de la posesión, se mostró desorientado; no presionó ni se replegó, quedando en una especie de limbo, intentando participar sin un plan claro y con Sebastián Villa incómodo en la banda derecha y Miguel Merentiel sin poder encontrar su lugar.
El terreno, resbaladizo y complicado, favoreció a los chilenos, quienes circularon el balón con mayor rapidez y atacaron de manera más decidida. Así, se evidenció la peor versión de Boca: errores defensivos, una zaga central que no generaba seguridad, y un mediocampo que, pese a contar con Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado, careció de orden y consistencia, pasando gran parte del tiempo persiguiendo a sus rivales. La falta de coordinación entre líneas se hizo palpable ante un O’Higgins que, aunque poco profundo, se mostró más decidido y prolijo en su juego.
El primer tiempo dejó en claro que Boca es un equipo en construcción, una situación que puede ser riesgosa en un club donde cada partido se vive como una final. Se retiró al descanso con la sensación de que debía corregir múltiples aspectos para evitar sufrimientos en el segundo tiempo, cuando O’Higgins sin duda buscaría el empate.
Arruabarrena reaccionó al inicio del segundo tiempo haciendo cambios en su alineación. Después de unos minutos con Villa transitando por la izquierda, dio ingreso a Leonardo Flores, un juvenil que había dejado impresiones positivas en partidos previos. Con Aranda más centrado y menos obligado a retroceder, Flores aportó mayor profundidad al ataque, generando corridas que obligaron a O’Higgins a ajustar su estrategia defensiva. No obstante, Aranda continuó siendo el jugador más peligroso de Boca, apareciendo de vez en cuando y desequilibrando siempre que encontró espacio, representando prácticamente la única esperanza del equipo en la ofensiva.
Sin embargo, la inconsistencia de Boca fue notoria. Esta fragilidad quedó expuesta durante la jugada que derivó en el gol de O’Higgins: tras un lateral lanzado al área, Figal despejó hacia el centro, permitiendo que González aprovechara la oportunidad para definir hacia la parte baja del arco, superando a Montero.
El 1-0 dejó en claro la dinámica del encuentro. O’Higgins sintió que tenía posibilidades de victoria, mientras que Boca se vio obligado a recurrir a transiciones rápidas, sin peso en el área. En realidad, el juvenil Flores fue el único reemplazo que hizo Arruabarrena en toda la noche. Ante un desarrollo adverso, el técnico realizó solo una modificación, extremo por extremo, a pesar de no contar con muchas alternativas en el banco. Solo en los últimos minutos Boca logró acorralar a O’Higgins y creó sus mejores oportunidades: un remate bombeado de Flores que dio en el travesaño, un tiro de Aranda que fue despejado por Omar Carabalí, un cabezazo de Ayrton Costa que salió desviado y otro intento de Aranda que volvió a exigir al arquero.
En la tanda de penales, Montero detuvo un disparo, O’Higgins falló otro, y tras que Aranda desperdiciara el primer match-point al picarla, Blanco le otorgó a Boca una clasificación que, aunque valiosa, es indicative de muchas cuestiones a corregir. Siempre resulta más favorable aprender de los errores a partir de una victoria; sin embargo, el equipo dejó en claro que aún presenta un largo camino por recorrer para alcanzar el rendimiento anhelado por Arruabarrena.




