La diferencia también se observa en las fuentes de financiamiento. Entre los jóvenes endeudados, el 35,8% recurrió a prestamistas o entidades financieras informales, mientras que esa proporción se reduce al 7% entre las personas mayores de 60 años. En paralelo, el 51,1% de quienes tienen entre 18 y 39 años mantiene deudas con bancos, billeteras virtuales o tarjetas dentro del sistema formal.
La situación se produce en un contexto de mayores dificultades para acceder al crédito formal. Entre los menores de 35 años, las tasas de mora superan el 25% y, dependiendo del tipo de acreedor, pueden alcanzar niveles de hasta el 50%.
El recurso a fuentes informales implica, en general, condiciones de financiamiento más costosas y una menor regulación. Entre los riesgos asociados aparecen tasas de interés elevadas, menores mecanismos formales de reclamo y condiciones más exigentes para el repago.
La presión financiera también se refleja en la disponibilidad de ingresos durante el mes. El 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 sin dinero disponible. Entre las personas de 40 a 59 años, la proporción es del 60,6%.
En términos generales, el endeudamiento comenzó a estar cada vez más vinculado con la necesidad de cubrir gastos cotidianos. El 61,9% de los encuestados tomó deuda durante los últimos seis meses y, dentro de ese grupo, el 53,7% señaló que lo hizo porque sus ingresos no alcanzaban para cubrir las necesidades esenciales.
Las subas de tarifas y servicios fueron el segundo motivo más mencionado, con el 23,1%, mientras que la compra de bienes durables representó el 11,5% de los casos.
Los datos muestran un cambio en el destino del crédito: la deuda aparece cada vez más asociada al sostenimiento del consumo cotidiano y al pago de gastos básicos, antes que a la adquisición de bienes de mayor valor o al financiamiento de proyectos.
En promedio, el 66% de las personas agota sus ingresos antes o, como máximo, el día 20 de cada mes. Apenas el 9,3% logra llegar a fin de mes con capacidad de ahorro.
La percepción sobre la situación económica también refleja este escenario. El 42,8% evalúa negativamente su economía personal, mientras que la valoración negativa de la economía nacional alcanza el 61,8%.
La diferencia entre ambas percepciones es de 19 puntos porcentuales y refleja, según el relevamiento, que el deterioro económico es interpretado no solo desde la situación individual, sino también como un fenómeno que afecta al conjunto de la sociedad.
En otro relevamiento sobre barrios populares, se registró además que el 75% de los jóvenes considera que la situación económica empeoró durante los últimos doce meses. El 60% de los consultados señaló que en sus hogares debieron realizar ajustes en el consumo, principalmente en alimentos y productos básicos.
A su vez, el 57% afirmó que en sus familias se tomó deuda para afrontar gastos corrientes. Entre los principales problemas identificados aparecen la falta de trabajo, la inflación y la pobreza.
El panorama muestra así una mayor exposición de los jóvenes al endeudamiento, con una participación significativa de fuentes informales y una utilización creciente del crédito para cubrir gastos esenciales, en un contexto donde una parte importante de los ingresos se consume antes de llegar a la última parte del mes.





