El reciente anuncio de Mohamed Salah sobre su salida del Liverpool tras nueve temporadas, 435 partidos, 255 goles y 122 asistencias generó una gran expectativa respecto a su futuro. Se pensó que su destino podría ser Arabia Saudita o Estados Unidos, sin embargo, el futbolista egipcio de 34 años sorprendió al integrarse al Trabzonspor, el cuarto club más importante de Turquía, que le ofreció un salario neto de 17 millones de euros, libre de impuestos. En su nuevo equipo comparte vestuario con el brasileño Fabinho, el arquero André Onana y Sidny Lopes Cabral, el caboverdiano que anotó un destacado gol ante Argentina en el Mundial.
La llegada de Salah no ha sido el único acontecimiento importante en el mercado de pases turco. El Galatasaray, que se prepara para la Champions League, invirtió 80 millones de euros en refuerzos, destacándose la contratación del delantero portugués Rafael Leão, que dejó el Milan por 38 millones. Cabe recordar que en los años anteriores, el club estambulense ya había hecho ruido con los fichajes del nigeriano Victor Osimhen, los alemanes Leroy Sané e Ilkay Gündogan, el colombiano Davinson Sánchez y el brasileño Gabriel Sara.
Por su parte, Fenerbahçe también ha realizado fuertes inversiones, siendo otro de los equipos que competirá en la Champions League. Este club desembolsó 39 millones de euros por el inglés Mason Greenwood, quien dejó el Olympique de Marsella tras registrar 48 goles en 81 partidos. Greenwood percibe alrededor de 10 millones de euros, y en el plantel se encuentran además figuras como Ederson, Nathan Aké, Vedat Muriqi, Romelu Lukaku, Matteo Guendouzi, N’Golo Kanté, Nelson Semedo y Marco Asensio.
El Besiktas, otro club destacado, no se quedó atrás y busca asegurar el fichaje de Mauro Icardi mientras refuerza su equipo. El club pagó 30 millones de euros al Benfica por el mediocampista Orkun Kökçü y 18 millones al Arsenal por el belga Leandro Trossard. También sumó al serbio Dusan Vlahović, quien llegó libre de Juventus y firmó un contrato por tres años, a cambio de 23 millones de euros.
Las razones detrás de la creciente atracción de la liga turca son claras. En primer lugar, Turquía ha estado experimentando un crecimiento económico en los últimos años. En segundo lugar, la carga tributaria es considerablemente menor en comparación con otras ligas europeas, ya que en Turquía se tributa cerca del 20 por ciento, un contraste marcado con el casi 50 por ciento en España, Alemania, Italia e Inglaterra.
Además, el estilo de vida en Turquía es otro atractivo. Los futbolistas disfrutan de bellas ciudades y están relativamente cerca de sus países de origen, algo que resulta muy conveniente para quienes buscan un contrato lucrativo sin alejarse demasiado de Europa.
La competitividad de la liga también juega un papel importante, ya que los equipos participan en competiciones europeas, lo que permite a los futbolistas mantener un alto nivel de rendimiento y estar en el radar de las selecciones nacionales. Para muchos, Turquía se presenta como una opción intermedia entre las grandes ligas y el final de sus carreras.
La pasión de los aficionados también es un elemento clave. Los estadios suelen estar llenos: Galatasaray y Fenerbahçe atraen alrededor de 50.000 espectadores, mientras que el Besiktas supera los 42.000. La atmósfera vibrante y el fervor de los hinchas son parte de la experiencia que reciben las figuras más destacadas al llegar a Estambul.
La liga turca aspira a dejar de ser considerada la novena más importante en el ámbito europeo, posición que actualmente ocupa por detrás de Inglaterra, Italia, España, Alemania, Francia, Portugal, Bélgica y Países Bajos.
En el listado de futbolistas extranjeros solo figura un argentino: Armando Güner, de ascendencia alemana, quien jugó el Mundial Sub-17 con Argentina gracias a su abuela, oriunda de La Quiaca, Jujuy.
“El primer motivo del boom es que hay equipos que participan en competiciones europeas importantes. Después, también se debe a la parte económica de Turquía y posiblemente a la bajada del mercado saudí. Entonces, en ese mix de todo, y sumando que la calidad de vida en Turquía es muy alta, hace que muchos jugadores de talla mundial valoren venir aquí como una opción interesante. Han venido jugadores como Kanté, en una etapa más madura, pero también otros como Greenwood. Este tipo de futbolistas pueden dar aún un rendimiento muy bueno e, incluso, generar una plusvalía para el futuro”, expresó el entrenador auxiliar de Galatasaray.
“Creo que los cuatro equipos de punta son los más fuertes de estos últimos cinco años en los que yo estoy aquí. Pero ninguno de los cuatro equipos ha ganado todos los partidos. Entonces, eso también me gusta, porque está claramente creciendo ese nivel intermedio de la liga”, añadió.
Turquía no parece ser solo un destino transitorio. Con recursos económicos, estrellas, estadios repletos y siempre la posibilidad de acceder a competiciones europeas, el fútbol turco ha hallado una fórmula que atrae a un número creciente de figuras. La incógnita que persiste es cuánto tiempo se sostendrá este auge, dado que en el mundo del fútbol, las rachas suelen tener un final.





