La economía mundial ha demostrado una notable resiliencia ante el conflicto en Medio Oriente, superando las expectativas iniciales. A más de tres meses del estallido del conflicto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que el crecimiento global mantiene una “sorprendente capacidad de resistencia”. ¿Cuáles son los factores que intervienen y qué países sufren las consecuencias?
En el ámbito de los motores económicos, destacan Estados Unidos y China, impulsados por un aumento en las inversiones tecnológicas y condiciones financieras relativamente favorables. “La economía global parece estar resistiendo”, señaló la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en un informe publicado recientemente.
La preocupación principal al inicio del conflicto fue el impacto en los precios de la energía y su efecto en la inflación.
A pesar de que el precio del petróleo ha subido cerca del 30% respecto a los niveles previos al conflicto, el FMI sostiene que el impacto ha sido mitigado por varios factores: el uso de reservas estratégicas de países como China, un incremento de la producción fuera de la región del Golfo y medidas adoptadas por diversos gobiernos para moderar la demanda.
No obstante, el FMI alerta sobre la persistencia de ciertos riesgos. El estrecho de Ormuz sigue cerrado y gran parte de la infraestructura energética en Medio Oriente ha sufrido daños significativos, lo que genera incertidumbre respecto al suministro global.
Otro aspecto que contribuye a esta resiliencia es la estabilidad de las expectativas de inflación a mediano plazo. Según Georgieva, esto refleja la confianza de los hogares y las empresas en que los bancos centrales mantendrán el control sobre la estabilidad de precios.
Los mercados financieros, por su parte, tampoco muestran signos de pánico. A pesar de un aumento en los rendimientos de los bonos soberanos desde el inicio del conflicto, los activos de riesgo han continuado su ascenso, sostenidos por buenos resultados corporativos y un crecimiento sólido en las principales economías.
El FMI también destaca el auge tecnológico como un motor menos visible pero crucial en esta resistencia. La inversión relacionada con la inteligencia artificial y los centros de datos se ha convertido en un elemento clave para sostener la actividad económica, especialmente en Estados Unidos y en varias economías asiáticas dedicadas a la exportación de tecnología.
“Las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial y los centros de datos han sido una fuerza impulsora en los países donde el impulso económico se mantiene”, subrayó Georgieva.
Sin embargo, el organismo advierte que los beneficios de esta transformación están concentrados en un número reducido de países, lo que podría aumentar las disparidades en el crecimiento entre economías avanzadas y emergentes.
Detrás de esta “resiliencia”, el FMI observa un escenario desigual. Los países exportadores de petróleo de Medio Oriente involucrados en el conflicto han visto deteriorarse sus perspectivas económicas. Según el organismo, cinco de los ocho países más afectados enfrentarían contracciones económicas en este año.
Europa, por su parte, se encuentra entre las regiones más vulnerables debido a su dependencia de las importaciones de energía. El aumento en los precios del petróleo y el gas impacta negativamente sobre el crecimiento y ejerce presión sobre la inflación, lo que ha llevado al Banco Central Europeo a ajustar su política monetaria de manera más estricta.
En el caso de Asia emergente, el impacto también es considerable. Los precios de los combustibles han aumentado cerca del 40% desde el inicio del conflicto, y la depreciación de las monedas, así como la fuga de capitales, han intensificado los efectos de la crisis energética.
El FMI señala a África como la región más vulnerable. La combinación de alta dependencia energética, restricciones fiscales y crecientes necesidades de financiamiento está generando tensiones económicas severas. Países como Etiopía, Malawi y Zambia enfrentan dificultades en el abastecimiento de combustible, mientras que en Lesoto, Ruanda y Tanzania los precios de los combustibles han incrementado alrededor del 50%.
El aumento en los costos de la energía también repercute en el precio de los fertilizantes y alimentos, elevando los riesgos de inseguridad alimentaria en varios países con bajos ingresos.
En cuanto a Argentina, según lo señalado en informes anteriores del organismo, se beneficia inicialmente de los elevados precios del petróleo al pasar de ser un importador a convertirse en un exportador neto. La mejora en los precios de los commodities ha generado ingresos adicionales, aunque el impacto en los costos de fertilizantes se siente en la cadena productiva.
Pese a un diagnóstico relativamente positivo, el FMI evita emitir señales de complacencia.
Considera que la duración e intensidad del choque energético serán factores determinantes para la evolución económica global. A pesar de celebrar el anuncio de un alto el fuego reciente, advierte que una escalada del conflicto o nuevas interrupciones en el suministro energético podrían tener un efecto adverso considerable en el crecimiento global.
En este contexto, Georgieva instó a los gobiernos a mantener la disciplina fiscal y monetaria. Asimismo, cuestionó el uso extendido de subsidios y controles de precios, considerando que son medidas onerosas que deben aplicarse de manera temporal y focalizada.
“Que la economía global esté resistiendo el choque hasta ahora es motivo de tranquilidad, pero no de complacencia”, concluyó la directora gerente del FMI.




