El informe contempla los gastos necesarios para mantener una alimentación adecuada, acceder a medicamentos y servicios de salud, contar con una vivienda en condiciones dignas, adquirir vestimenta y sostener actividades recreativas.
Durante agosto, los distintos tipos de hogares incluidos en el estudio registraron aumentos mensuales de entre 1,8% y 2,4%. En términos interanuales, ninguna de las canastas analizadas presentó una variación inferior al 33%.
Uno de los principales componentes del gasto es la vivienda. Para una pareja de personas mayores de 75 años, ser propietaria del inmueble representa una diferencia mensual de $811.651 respecto de un hogar que debe afrontar un alquiler, equivalente al costo promedio de arrendamiento considerado en el relevamiento.
El impacto es mayor en el caso de una mujer sola de 75 años o más que alquila. Según el informe, el costo de la vivienda representa el 122% de una jubilación mínima, incluso considerando el bono adicional.
La atención de la salud constituye otro de los gastos de mayor peso. Una mujer que vive sola debe afrontar $653.064 mensuales por una cobertura de medicina prepaga, mientras que para una pareja el costo asciende a $1.306.127. En ambos casos, el valor supera los ingresos previsionales totales considerados para esos hogares.
La alimentación también registró una suba significativa durante agosto. La canasta alimentaria aumentó 2,7%, un incremento superior en un punto porcentual a la variación general de precios. Para una pareja, el gasto alimentario alcanzó $638.994, mientras que para una persona sola llegó a $269.585.
El cálculo de la Defensoría contempla cinco grandes grupos de gastos. El primero corresponde a la alimentación. El segundo reúne los bienes y servicios básicos del hogar, entre ellos alquiler, expensas, luz, gas, agua, comunicaciones y transporte. El tercero comprende los gastos de salud, incluidos medicamentos, servicios médicos y seguros.
Los otros dos rubros corresponden al mantenimiento del hogar, que incluye equipamiento, asistencia doméstica y productos de limpieza, y a los bienes y servicios personales, donde se incorporan vestimenta, cuidado personal, recreación y actividades culturales.
La metodología utilizada busca medir las condiciones necesarias para que las personas mayores puedan sostener un nivel de vida adecuado y no solamente determinar el ingreso mínimo requerido para cubrir necesidades de subsistencia.
La evolución interanual también muestra aumentos relevantes. Los costos correspondientes a los seis tipos de hogares analizados se incrementaron entre 33,9% y 38,5% durante el período considerado, con los mayores aumentos registrados entre los hogares que no cuentan con medicina prepaga.
Como referencia, en agosto la canasta correspondiente a una mujer sola que alquila alcanzó los $1.547.027, mientras que un año antes una pareja propietaria de su vivienda necesitaba $1.240.151 para cubrir los gastos contemplados en el relevamiento.
De esta manera, aunque la variación mensual de las canastas mostró una desaceleración, los gastos necesarios para los adultos mayores continuaron aumentando y mantuvieron incrementos superiores a la evolución general de los precios.





