El 11 de noviembre de 2025, apenas un mes después del deceso de Russo, Agustín, mientras cortaba el pasto en la pequeña localidad de Cañada Nieto, encontró un objeto brillante: era la camiseta que Boca Juniors había enviado al cielo en homenaje al técnico, con globos, antes de un partido contra Belgrano. La prenda había recorrido 117 kilómetros desde La Bombonera hasta esa remota zona uruguaya.
Hincha apasionado de Peñarol e incondicional seguidor del fútbol argentino, siempre había estado al tanto de la carrera de Russo, pero desconocía el significado del homenaje que se había realizado en su honor. “Nunca había visto el homenaje que se le hizo en La Bombonera. Cuando encontré la camiseta, mi familia me explicó su valor”, recordó.
Consciente de la importancia de su hallazgo, Agustín decidió actuar con integridad: “Jamás pensé en hacer algo comercial con la camiseta. No la lavé ni se me pasó por la cabeza venderla”, afirmó. Su primera acción fue enviarle una foto a su primo, quien es padrino de la hija de Edinson Cavani y se convirtió en el contacto que lo llevó a Buenos Aires. “En ese momento supimos que debíamos llevarla a Argentina”, relató.
El contacto con el futbolista facilitó el viaje a la capital argentina, donde pudo entregarle la camiseta a Ignacio Russo, hijo de Miguel y actual delantero de Tigre. “Cada vez que miro las fotos de ese encuentro, me sonrío. Todo lo que hicimos estuvo lleno de emoción”. Agustín también regresó a casa con una camiseta de Edi y otra que Nacho usó ese día, que ahora exhibe enmarcadas en su hogar.
La abrumadora atención mediática que recibió tras el hallazgo interrumpió su habitual tranquilidad en Dolores. “Fue una locura; soy alguien anónimo y al día siguiente mi teléfono no paraba de sonar. Aunque sabía quién era Miguel, no imaginaba la magnitud de su figura”, comentó.
Reflexionando sobre la experiencia, manifestó: “A veces no resulta fácil entender todo lo que aconteció; creo que las cosas pasan por alguna razón…”. El episodio lo llevó a profundizar en el legado de un técnico al que solo conocía a través de la pantalla. “Admiro su determinación y dedicación”, agregó.
Esos mismos sentimientos lo llevaron a alejarse del foco mediático: “Decidí no seguir hablando porque no tenía sentido. Solo tuve la suerte de encontrar esa prenda. Preferí que la familia tuviera su espacio para el duelo”, explicó.
Al recordar el primer aniversario del fallecimiento de Russo, Agustín imaginó un mensaje desde el más allá: “Creo que Miguel estaría agradecido por devolver la camiseta a su lugar. Yo no la necesitaba, pero para ellos, recuperarla tenía un valor muy especial”.
Con el tiempo, ha mantenido el vínculo con la familia Russo y el entorno de Boca Juniors. Ha cruzado mensajes con Nacho Russo y Cavani. “Vi un partido de Tigre recientemente y noté que Nacho estaba haciendo goles. No quise escribirle para no molestar, pero en mi corazón, ahora hay un poco de azul y oro”, confiesa.
De regreso a su vida cotidiana en Dolores, reconoce que el anonimato total es difícil de alcanzar, especialmente cuando juega como lateral derecho en el club Libertad. “Mis nuevos compañeros comentan: ‘Ese es el que encontró la camiseta de Boca’, lo escucho y me río”, cuenta.
Agustín está convencido de que su hallazgo no fue mera casualidad. Recientemente pasó por el mismo campo donde encontró la camiseta y vio un globo de helio en el suelo, diciéndole a su primo: “Mira, parece que otro viaje viene en camino”. La presencia de esos globos le recuerda constantemente el momento en que descubrió la camiseta.
Asegura que su historia será un legado para contar a sus nietos. Mientras tanto, se prepara para disfrutar de un asado con amigos, recordando cómo un día devolvió un capítulo de la historia del fútbol argentino.





