Tras el cierre del vertedero, comenzó un largo proceso de investigación y planificación que llevó a su recuperación ambiental. A partir de 2010, las autoridades de Nueva York iniciaron las obras para sanear el antiguo Brookfield Avenue Landfill, no solo con la intención de plantar árboles, sino también para aislar los desechos y mitigar el riesgo de exposición a los contaminantes.
Se implementó una barrera impermeable sobre el vertedero y otra subterránea, además de esparcir más de dos millones de toneladas de tierra limpia, formando capas de hasta 1,2 metros de profundidad en ciertas áreas. Esta transformación requirió una inversión considerable, alcanzando los 256,4 millones de dólares, financiados conjuntamente por la ciudad y el estado de Nueva York.
En 2013, tras preparar el terreno, el Departamento de Protección Ambiental de Nueva York anunció el inicio de la plantación de los primeros árboles de un total de más de 17.000 que se sembrarían en el nuevo espacio.
El proyecto culminó oficialmente en diciembre de 2017, cuando Brookfield Park fue inaugurado y el área pasó a ser administrada por NYC Parks. En ese momento, el paisaje había cambiado drásticamente, con unas 258 acres que incluyen más de 100 hectáreas de praderas, bosques, pantanos, humedales, arroyos y estanques, así como senderos para que los visitantes puedan disfrutar del lugar.
La historia de Brookfield Park no se limitó a cubrir un antiguo basural con vegetación; implicó un proceso de aislamiento de residuos, saneamiento del terreno y restauración de ecosistemas, lo que requirió años de esfuerzo antes de devolver el espacio a la comunidad.





