La administración sufrió, Adorni tenía una coordinación escasa con el Gabinete y su falta de acción obstaculizaba el progreso. La tensión entre Santiago Caputo y Karina Milei, aunque no ocupó las portadas de los medios, continuaba paralizando la gestión. “No había con quién consultar”, aseguran desde la Casa Rosada.
Voces dentro del Gabinete manifiestan que la única fortaleza de Adorni en su rol como jefe de Gabinete radicaba en su “línea directa y permanente con los hermanos Milei”, un privilegio que podría haber aprovechado para abordar problemáticas o proponer iniciativas, pero que evidenció que utilizó principalmente para sostener su posición.
Aunque los Milei no lo admitirán abiertamente, se rumorea que la decisión de su desvinculación fue un reconocimiento tácito de que “Adorni les mintió” y de haber comprobado “otras cosas”. Esta situación complica aún más a la secretaria general de la Presidencia, quien tiene la responsabilidad de supervisar la labor de los empleados en la Casa Rosada, especialmente cuando se descubrió que el exfuncionario utilizaba a varios de sus subordinados para fines personales.
Esta conducta generó descontento en el entorno presidencial. “Hubo abuso de poder y se aprovechó de los bajos salarios del personal estatal”, critican. Es relevante señalar que, desde la llegada de Milei al poder, los empleados de la administración central han visto una disminución cercana al 35% de su poder adquisitivo, considerando la inflación.
Como suele ocurrir tras la renuncia de un funcionario, afloran detalles sobre su gestión. El principal activo de Adorni, que era representar la lucha contra la “casta”, se desmoronó por su conducta personal, lo que, a su vez, afectó a La Libertad Avanza. Muchos ciudadanos consideran que su discurso se asemejaba al de la política tradicional que criticaba, en un estilo de “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. A pesar de que su talento comunicativo era su fuerte, también fracasó en este aspecto.
No logró cultivar una corriente en favor de las ideas libertarias dentro de los medios. Se dedicó a respaldar a medios muy oficialistas; su gestión informativa fue escasa y usó las conferencias de prensa como plataforma para posicionarse y desprestigiar al periodismo. Aunque llegó con la meta de privatizar los medios públicos, solo cerró Télam. Nombró a amigos en canales y radios públicas, y los más suspicaces alegan que “también para hacer negocios”.
Hay un consenso general sobre que el gobierno de Milei, en tres años, ha implementado varias acciones. Se han promulgado 57 leyes en el Congreso y se han derogado numerosas normativas. Sin embargo, hay poco conocimiento público acerca de estas iniciativas.
A pesar de contar con más de 200 personas para la difusión de información, el resultado ha sido lamentable. Muchos empleados de la Casa Rosada manifiestan que estos recursos fueron utilizados en su beneficio, permitiéndole a Adorni ascender de un perfil casi anónimo a postularse como candidato en la Capital, con allegados afirmando que ya se veía como candidato a vicepresidente. Su imagen negativa ha superado el 70% en encuestas recientes y se ha comenzado a proporcionar custodia debido a las amenazas que ha recibido.
La relación con los medios acreditados ha sido igualmente problemática. En vez de aprovechar el potencial de los numerosos periodistas que registran la acción del Gobierno, Adorni optó por perseguir y discriminar a quienes cubrían la Casa Rosada, limitando sus labores. Hoy, los acreditados son tratados como criminales, con ingresos controlados por personal militar y restricciones en su libre movimiento. Este mismo Gobierno que promulga la libertad ha sido el principal obstáculo en el ejercicio de la libertad de prensa.
Un aspecto menos conocido es que Adorni tendía a “llevar y traer” información sobre funcionarios, periodistas y empresarios a los hermanos Milei, quienes confiaron en su buena fe, como se comenta en la Rosada. A algunos se les atribuye haber formado una especie de aislamiento del Presidente, elaborando un “diario de Irigoyen” que omitía malas noticias.
Un interrogante que surge es cómo enfrentará ahora los honorarios de sus abogados y su vida cotidiana. Se sugiere que recibiría apoyo financiero. “No lo dejaron en la calle”, se comenta en la Rosada, apuntando a respaldo de círculos empresariales cercanos a él. Para verificarlo, se propone seguir los contratos vinculados a su esposa, Bettina Angelletti, quien tiene una consultora.
A diferencia de otros exfuncionarios que encontraron su camino de regreso en el sector privado, en el ámbito empresarial consideran que Adorni tendrá más dificultades para reintegrarse. Los conflictos de los últimos meses en el cargo, sumados a sus errores y mentiras, han afectado su reputación. “Sin ánimo de ofender, ¿quién puede confiar en la información que pueda proporcionar?”, afirma un alto ejecutivo de una multinacional, sintiendo que no cumple con la responsabilidad esperada en su trabajo.
El Gobierno enfrenta la necesidad de establecer un nuevo canal de comunicación más efectivo, un desafío que resulta complicado ante los “heridos y menospreciados” que dejó su gestión. Los nuevos voceros, Adrián Raiver y Fabián Fernández, deberán reconstruir el sistema comunicacional, sustentado en la transparencia de los hechos, ya que la gestión de Adorni comprometió la credibilidad de la comunicación del Gobierno.





