La pregunta que surge es: ¿por qué se producen lluvias intensas por la mañana, seguidas de una pausa al mediodía y un regreso de la llovizna durante la noche? Según el meteorólogo Marcelo Madelón, la respuesta radica en la interacción de dos fenómenos que, al actuar simultáneamente, favorecen la inestabilidad del clima.
“Desde hace varios días, gran parte del país ha estado experimentando cielos nublados, lluvias intermitentes y tormentas, además de algunos momentos soleados”, explica Madelón. Este patrón meteorológico está impulsado por un centro de alta presión ubicado frente a las costas de Chubut, que envía aire frío y húmedo desde el sudeste hacia el interior del continente.
A medida que este aire avanza sobre el Atlántico, absorbe humedad. Al llegar al territorio argentino, provoca la formación de nubes y lluvias, incluso en un momento del año en que las temperaturas suelen ser más elevadas.
El especialista describe esta situación como un anticiclón de bloqueo, un sistema de alta presión que se mantiene casi en estado de reposo y evita que la dinámica atmosférica avance de manera natural. Esto resulta en lluvias prolongadas y períodos de mejoría que no se consolidan.
En condiciones normales, los sistemas meteorológicos se suceden, permitiendo que tras días de inestabilidad lleguen jornadas soleadas, un ciclo que generalmente ocurre cada seis o siete días. Sin embargo, debido al actual bloqueo, esta alternancia se ve interrumpida. Para que el clima mejore de forma sostenida, detalla Madelón, es necesario que el anticiclón se desplace hacia el este.
El segundo factor en juego es El Niño, un fenómeno climático que altera los patrones de temperatura del océano Pacífico ecuatorial y afecta las precipitaciones en distintas partes del mundo. En esta oportunidad, Madelón señala que El Niño aporta una mayor cantidad de humedad, lo que puede traducirse en un aumento en la frecuencia de nieblas, lloviznas y tormentas.
Esta combinación genera un clima poco predecible: “Mientras el anticiclón permite el ingreso de aire frío y húmedo desde el Atlántico, El Niño fomenta un ambiente con más humedad disponible”. Como resultado, se observan días inestables donde las precipitaciones surgen, cesan y luego regresan en un mismo ciclo diario.
Por lo tanto, aunque El Niño influye en el clima, no es la única causa de los cambios meteorológicos. La intercambiabilidad entre lluvia, llovizna y breves momentos de sol también depende de la dinámica atmosférica local y la persistencia del sistema de alta presión.
Este fenómeno no se limita únicamente a los días actuales. Según Madelón, de mantenerse las condiciones asociadas a El Niño, el resto de la primavera y el verano de 2027 podrían presentar niveles de humedad, lluvias y tormentas superiores a lo habitual. Una mayor incidencia de estos episodios también incrementaría la posibilidad de que algunos alcancen una intensidad severa, aunque no significa que todos los eventos climáticos sean extremos.
El efecto de esta inestabilidad ya se puede ver en el desbordamiento de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, así como en otras corrientes de la cuenca del Plata, donde se registran inundaciones en diversas áreas de la Mesopotamia argentina. Las lluvias en las cuencas de origen de estos ríos, especialmente en el sur de Brasil, junto con las precipitaciones en Uruguay y Paraguay, son factores que contribuyen a esta situación.
A diferencia de La Niña, que suele provocar sequías y olas de calor al disminuir las precipitaciones, El Niño tiende a generar condiciones más húmedas.
Madelón aclara que “la primavera no necesariamente será fría todos los días”, pero el pronóstico de una estación más húmeda ya confirmado indica que será necesario estar preparados para una serie de lluvias, breves períodos de tregua y nuevas tormentas.





