El equipo tuvo un rendimiento sobresaliente en todos los aspectos, superando al temido Flamengo tanto en el juego como en la mentalidad. En la tanda de penales, la diferencia fue notoria, y el apoyo de los hinchas fue palpable en el histórico estadio carioca, donde se sintió el aliento del público local, que no pudo conectar con un equipo que mostró poco en el campo.
Los aficionados del Flamengo, acostumbrados a cosechar títulos —tres de sus cuatro Copas Libertadores en las últimas siete ediciones—, se encontraron con un Estudiantes que, a pesar de la inversión en jugadores internacionales por parte del rival, no les permitió generar ninguna amenaza significativa durante los 180 minutos de juego. En La Plata, Flamengo mereció perder, y en el Maracaná, no logró acercarse a la final, a pesar de que jugó casi todo el segundo tiempo con un hombre más tras la expulsión de Baltasar Rodríguez.
El equipo dirigido por el Cacique Medina se mostró en el Maracaná con la confianza de jugar en casa. Con una defensa ordenada y enérgica, logró neutralizar a un rival que provocaba gritos de la hinchada con sus intentos de ataque, pero careció de ideas para crear peligro. Esta energía se volvió en contra de los locales.
Los defensores centrales, González Pírez y Santiago Núñez, además de Mancuso, destacaron en su desempeño, a pesar de recibir amarillas en el segundo tiempo, lo que complicó su actuación. Estudiantes se caracteriza por su solidaridad y trabajo en equipo, donde cada jugador se sacrifica por el conjunto.
El regreso de Marcos Rojo al club fue positivo, a pesar de haber fallado una oportunidad clara para cerrar el partido en el primer tiempo. Castro y Piovi controlaron el mediocampo, mientras que Tiago Palacios, quien ingresó tras la lesión del Tucu Correa, realizó un notable esfuerzo en defensa, cerrando los caminos de un Flamengo que se mostró cada vez más desesperado.
Si bien es cierto que Estudiantes no generó tantas ocasiones de peligro, Baltasar Rodríguez estuvo cerca de marcar con un remate que Rossi desvió al travesaño. La expulsión cambió los planes del equipo, que optó por replegarse en lugar de atacar, lo que obligó a Muslera a trabajar en defensa.
El arquero uruguayo fue clave, ofreciendo seguridad en cada centro del rival y realizando una formidable atajada cuando quedaban ocho minutos. Muslera logró detener un cabezazo de Gonzalo Plata tras un buen pase de Paquetá.
A medida que pasaban los minutos, resultó evidente que Estudiantes estaba en camino a la final. Los cambios realizados aportaron energía: Gaich, Tomás Palacios y Cetré ingresaron en momentos clave, y hacia el final, José Sosa estuvo listo para ejecutar un penal.
La definición por penales fue un desafío que Muslera supo enfrentar con maestría. Tras un buen tiro de Giorgian De Arrascaeta, Sosa igualó la serie con un remate cruzado. El arquero contuvo el disparo de Jorginho, un experto en esta categoría. Aunque Cetré tuvo un contratiempo, Muslera se mostró resolutivo, deteniendo el penal de Paquetá. Mancuso logró convertir a pesar de un mal remate y Leo Pereira empató, pero fue Tiago Palacios quien dejó al equipo en una situación crítica. Finalmente, Bruno Henrique se presentó ante Muslera, quien adivinó su disparo, sellando así un 3-2 que permitió a Estudiantes avanzar a la final, donde se medirá con Palmeiras en el Centenario de Montevideo, con la ilusión de conquistar su quinta Copa Libertadores.





