La combinación de una expectativa de vida más prolongada y un esquema jubilatorio que no asegura un monto equivalente al ingreso actual requiere una revisión de cómo se planifica el futuro financiero.
La noción de “anticipación” se ha vuelto recurrente entre asesores financieros. No se trata solamente de ahorrar, sino de comprender que el momento en que se inicia ese ahorro influye directamente en el resultado futuro. Especialistas coinciden en que la falta de planificación anticipada constituye uno de los principales obstáculos para alcanzar una jubilación con tranquilidad económica.
Mientras algunos expertos enfatizan la importancia de establecer un hábito de ahorro desde el principio, otros destacan la necesidad de diseñar estrategias personalizadas y de evaluar periódicamente el camino elegido. Lo que queda claro es que la creación de un fondo adicional para complementar la jubilación no depende de un único tipo de inversión, sino de un proceso que combina tiempo, disciplina y asesoramiento.
María Laura Acosta, asesora en finanzas, ahorro e inversiones, comentó que muchas personas asumen que la jubilación es un asunto distante de su presente.
“El mayor error es pensar que la jubilación es un problema del ‘yo futuro’. La mayoría comienza a preocuparse cuando faltan pocos años para retirarse, cuando en realidad el tiempo es el principal aliado para construir un ahorro para el futuro”, subrayó Acosta.
Noelia van Haaster, contadora pública, planteó un punto similar al advertir que el activo más valioso en materia financiera es el que se pierde al postergar la decisión de ahorrar. “El interés compuesto necesita años para trabajar a tu favor”, dijo. “Un error común es asumir que la jubilación estatal será suficiente para mantener el nivel de vida actual. En el contexto argentino, eso es más la excepción que la norma”, añadió Van Haaster.
Si la jubilación no cubre las necesidades económicas, la generación de un ingreso complementario se convierte en una necesidad imperiosa.
Andrea Brizuela explicó: “El error más común que cometen las personas al pensar en su jubilación desde el ángulo financiero es no consultar con un experto para determinar las herramientas adecuadas para ese futuro que inevitablemente llegará”.
Brizuela continuó: “Diseñar un plan financiero a largo plazo implica tener en cuenta diversos factores, como la edad, la composición familiar, las aspiraciones y el capital necesario para mantener el nivel de vida”.
Acosta resumió: “La respuesta es sencilla: cuanto antes, mejor. Idealmente, desde que una persona comienza a recibir ingresos”.
Van Haaster adoptó un enfoque similar: “La mejor edad es cuando cobras tu primer sueldo. Y la segunda mejor edad es hoy”.
Brizuela subrayó que incluso aquellos que ya no son tan jóvenes deberían considerar su situación previsional futura. “Hay propuestas financieras muy interesantes para personas mayores de 50 años”, dijo.
“Se sostiene la creencia errónea de que primero se deben tener altos ingresos antes de pensar en la jubilación. En realidad, es justo lo contrario: quienes logran construir un patrimonio son aquellos que instauran el hábito del ahorro, sin importar su salario”, aseguró Acosta.
Esta lógica se traduce en una recomendación común entre las especialistas: iniciar con montos pequeños y mantener esa práctica a lo largo del tiempo, en lugar de esperar a contar con mayores ingresos para comenzar el proceso.
Noelia van Haaster enfatizó: “No creo en esperar ‘a ganar más’ para empezar a ahorrar, porque ese momento muchas veces nunca llega. Lo importante es establecer el hábito”. En este sentido, no hay un umbral obligatorio para iniciar, aunque se sugiere destinar entre un 5% y un 10% del ingreso mensual desde el comienzo, ajustando dicho porcentaje conforme se incrementen los ingresos.
Andrea Brizuela destacó que contar con poco margen de ahorro no es un obstáculo para planificar la economía en la adultez mayor. “Incluso un ahorro pequeño puede gestionarse”, apuntó.
La especialista hizo hincapié en un aspecto técnico que explica por qué los aportes modestos pueden resultar en un capital significativo con el tiempo: el efecto del interés compuesto sobre contribuciones sostenidas, incluso si son de bajo monto.
En lugar de esperar a alcanzar un nivel de ingresos específico para comenzar a ahorrar, las especialistas proponen que el hábito de ahorro sistemático, mantenido a lo largo del tiempo, es lo que finalmente marca la diferencia. La constancia se presenta en los testimonios de las tres como un factor más esencial que el monto inicial destinado al ahorro.
A la hora de elegir qué herramientas emplear, las especialistas concuerdan en que no existe un producto único que funcione para todos. La estrategia debe adaptarse a la edad, la tolerancia al riesgo y las metas de cada ahorrista, por lo que el abanico de opciones suele integrar diferentes instrumentos según la etapa de la vida en la que cada individuo se encuentre.
“Los seguros de retiro son una excelente opción para aquellos que desean ahorrar de manera ordenada y constante pensado en el largo plazo. De alguna manera, fomentan el hábito del ahorro y ayudan a acumular un capital que complemente la jubilación”, comentó Acosta. Este tipo de productos frecuentemente ofrece beneficios adicionales, como ventajas impositivas en ciertos casos y la posibilidad de designar beneficiarios.
Van Haaster sugirió que para horizontes largos, le resultan atractivas las carteras diversificadas que combinan renta fija y renta variable global, utilizando instrumentos como obligaciones negociables, fondos comunes de inversión, bonos y activos vinculados a mercados internacionales de acuerdo al perfil de riesgo de cada individuo. También se refirió a los seguros de retiro, que “juegan un papel importante para quienes buscan disciplina en el ahorro, planificación sucesoria y ventajas fiscales”.
“La clave no está en elegir ‘el producto de moda’, sino en construir una cartera que sea coherente con la edad, el horizonte de inversión, la tolerancia al riesgo y los objetivos personales”, concluyó Van Haaster.
“Hay una amplia variedad de herramientas financieras para crear un complemento para la jubilación: en pesos, en dólares y con aportes mensuales, lo que facilita el proceso y permite incorporar el verdadero concepto del ahorro sistemático”, afirmó Brizuela.
María Laura Acosta aconsejó ahorrar entre el 10% y el 15% de los ingresos: “Si hoy ese porcentaje no es viable, eso no debería ser un impedimento para comenzar. Es preferible ahorrar un monto menor de manera constante que esperar el momento perfecto, porque ese momento casi nunca llega”.
Noelia Van Haaster agregó: “Si se inicia más tarde, probablemente se necesite ahorrar un porcentaje mayor para compensar el tiempo perdido”.
Andrea Brizuela destacó que las estrategias a largo plazo deben ser revisadas anualmente para determinar si es necesario realizar ajustes en los aportes.
Acosta remarcó: “Ya no se trata tanto de hacer crecer el capital, sino de proteger todo el esfuerzo acumulado a lo largo de los años y reflexionar sobre cómo ese ahorro se convertirá en un ingreso que ayude a mantener la calidad de vida”.
Van Haaster aportó un punto adicional: “La planificación del retiro no consiste únicamente en acumular dinero. Se trata de establecer ingresos para el futuro que permitan lograr la mayor independencia financiera posible al dejar de recibir un salario”.
Brizuela comentó un dato relevante: “Cinco años antes de la fecha estimada de jubilación, es recomendable evaluar la necesidad de complementar el ahorro acumulado con otros tipos de inversiones relacionadas con el mercado de capitales, como parte de un ajuste final previo a entrar en la etapa de retiro efectivo.”





