Bonnie Beaver, profesora de comportamiento en la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de Texas A&M, detalló en un artículo sobre cómo reconocer estas señales y actuar a tiempo para prevenir que estos comportamientos empeoren.
“El signo más común es un cambio en el comportamiento. Puede ser que el perro se quede paralizado, busque la atención de su dueño, se sacuda, tiemble o gima. Son señales simples, pero representan cambios respecto de su conducta habitual”, destacó Beaver.
Esas manifestaciones pueden ser sutiles o incluso ocasionales, por lo que a menudo pasan desapercibidas o son menospreciadas. Por ello, es fundamental observar en qué situaciones surgen para identificar qué provoca la incomodidad del animal.
Las tormentas eléctricas son uno de los desencadenantes más habituales, además de las interacciones con personas y otros perros desconocidos, así como objetos o situaciones nuevas.
“Todo el mundo piensa que su perro debería sentirse cómodo con personas desconocidas, pero no siempre es así. Si se echa hacia atrás o evita la interacción, es una señal de que no se siente cómodo”, aclaró la especialista.
Además, alejarse, permanecer inmóvil, evitar el contacto o buscar constantemente la atención del dueño son indicadores de que el animal puede estar experimentando miedo o ansiedad.
Algunos dueños intentan tranquilizar a su perro acariciándolo o hablándole cuando este muestra signos de ansiedad. Sin embargo, Beaver desaconsejó esta práctica, ya que fortalece involuntariamente esa conducta, lo que podría llevar a su repetición más frecuente.
“No hay que recompensar al perro por mostrar ansiedad. Hay que mantener una actitud neutral: no desalentar esa conducta ni castigarlo, pero tampoco fomentarla”, enfatizó la experta.
La frecuencia no es el único factor a considerar; también es crucial observar la duración y la intensidad. Un episodio aislado ante un ruido fuerte no necesariamente indica un problema, pero la situación es diferente si esa reacción se presenta con mayor regularidad.
“Si la ansiedad comienza a durarle más tiempo o se presenta con más intensidad, es apropiado pedir ayuda. Siempre se puede consultar, incluso si es muy leve. Puede empeorar o no, pero es algo que se puede observar a lo largo del tiempo”, apuntó Beaver.
En los casos más severos, el miedo puede escalar hasta provocar episodios de pánico. Según la especialista, un perro puede llegar a lastimarse al intentar escapar durante una tormenta. Además, el estrés prolongado y la ansiedad constante pueden impactar negativamente en su sistema inmunológico y su calidad de vida.
“Los perros, al igual que las personas, sienten ansiedad en situaciones determinadas. La preocupación surge cuando esa ansiedad se vuelve más frecuente o aumenta con el tiempo”, afirmó la profesora de Texas A&M.
Una de las principales estrategias para disminuir la probabilidad de respuestas ansiosas es socializar a los cachorros con diversas personas, animales y entornos antes de las 12 semanas.
“Deben estar expuestos a una amplia variedad de personas, de diferentes tamaños, apariencias y orígenes, y también convivir con otros perros. Es en ese momento cuando aprenden cómo es el mundo”, concluyó.





