Según los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el índice de precios al consumidor aumentó 0,07% durante julio, por debajo del 0,16% registrado en junio y del 0,26% correspondiente al mismo mes del año anterior.
La variación interanual también mostró una mejora respecto de los meses anteriores. Luego de alcanzar el 4,72% en mayo, su nivel más elevado en ocho meses, la inflación descendió hasta el 4,44% en julio, igualando el registro de abril. En julio de 2025, en cambio, había alcanzado el 5,23%.
La desaceleración estuvo vinculada principalmente con los alimentos, cuyos precios disminuyeron 0,67% durante julio, después de haber registrado una baja de 0,24% en junio. Entre los productos que más redujeron sus precios se encontraron el tomate, con una caída de 29,09%; la papa, con 19,59%; la zanahoria, con 14,41%; y el café, con 2,45%.
También registraron bajas los precios de indumentaria y calzado, que disminuyeron 0,66%, y los servicios educativos, con una reducción de 0,03%.
En sentido contrario, los costos vinculados con la vivienda aumentaron 0,99%, mientras que los bienes relacionados con la salud y el cuidado personal registraron una suba de 0,40%.
A pesar de la desaceleración, la inflación continúa por encima del objetivo establecido por el Banco Central de Brasil, que se ubica en 3%, con un margen de tolerancia de 1,5 puntos porcentuales. De esta manera, el límite superior permitido es del 4,5%.
Las proyecciones del mercado indican que Brasil podría finalizar 2026 con una inflación del 5,02%, por encima de la estimación oficial del 4,5%.
La moderación registrada en julio se produjo en un contexto de reducción de la tasa básica de interés. El Banco Central llevó la tasa al 14% anual, luego de haberla ubicado en 15% desde febrero.
Pese a los recortes, el costo del dinero continúa entre los niveles más elevados del mundo en términos reales. El Banco Central mantiene una estrategia gradual de reducción de tasas y sostiene que la inflación continúa sometida a una presión importante por el nivel de la demanda.
El organismo considera necesario mantener una política monetaria restrictiva para contener esas presiones y moderar el ritmo de actividad económica.
En ese sentido, el crecimiento de Brasil ya mostró una desaceleración. El PBI aumentó 2,3% en 2025, frente al crecimiento de 3,4% registrado en 2024. Para 2026, las proyecciones apuntan a una nueva pérdida de dinamismo, con una expansión cercana al 2%.





