John Alfred, un reconocido peluquero y colorista británico, alerta sobre este comportamiento y explica que el cabello mojado es particularmente frágil. Según el especialista, al frotar con fuerza, la cutícula puede levantarse, lo que genera quiebre y tirones, un problema que se agrava en cabellos decolorados.
El profesional observa frecuentemente que sus clientes cometen el error de frotar el pelo agresivamente tras salir de la ducha, advirtiendo que esto es especialmente dañino para el cabello teñido o decolorado. “Cuando el pelo está mojado, justo después de salir de la ducha, está en su estado más vulnerable”, comentó el peluquero al referirse a hábitos que deberían ser evitados.
Alfred destacó que el movimiento de fricción puede dañar la cutícula y propiciar el quiebre, siendo este riesgo incluso mayor en cabellos que han pasado por procesos químicos como la decoloración, dada su mayor sensibilidad.
Por lo tanto, en lugar de hacer movimientos ásperos y enérgicos con la toalla, se recomienda presionar de forma suave o escurrir el exceso de agua sin provocar fricción. Manipular el cabello mojado con demasiado vigor puede incrementar el riesgo de daño. Por esto, el periodo posterior al lavado requiere un manejo más delicado, especialmente en cabellos finos, largos, teñidos o decolorados.
El experto también mencionó que el daño provocado por frotar puede afectar especialmente los cabellos más cortos cercanos a la línea del nacimiento y en la nuca. En lugar de tratar la toalla como si se estuviera secando una superficie cualquiera, la recomendación es optar por una presión suave que permita absorber el agua sin comprometer la fibra capilar.
Los consejos de los profesionales no sugieren dejar el cabello completamente mojado durante periodos prolongados, sino evitar la fricción excesiva al quitar el agua.
Algunos de los consejos adicionales para cuidar el cabello tras la ducha provienen de Samuel Eugenio Rodney, otro estilista, quien también aconsejó no frotar el cabello con demasiada intensidad. Este comportamiento puede dañar la cutícula, dejando el cabello seco y con frizz.
Por lo tanto, aunque secarse el pelo con una toalla se considere una acción bastante inocente, la forma en que se realice puede tener un impacto significativo en la salud de la fibra capilar. La clave radica en eliminar el exceso de agua con toques suaves y evitando la fricción, especialmente en momentos en que el cabello es más vulnerable.





