A sus 33 años, a punto de cumplir 34, el Chino, apodo derivado de la forma de sus ojos, ha decidido cerrar su ciclo futbolístico según sus deseos. Luego de casi diez años en el exterior y de haber jugado para la selección de Armenia, de la que se retiró la temporada pasada, hoy es el capitán de Belgrano, un ícono para los aficionados y, por fin, campeón. Se dio el lujo de alzar la Copa que tanto anhelaba.
Los emotivos abrazos que compartió con el Ruso Zielinski y Luifa Artime, entrenador y presidente de Belgrano, respectivamente, en medio de la celebración tras vencer a River por 3 a 2, simbolizan lo que representa. Cada uno, en su posición, volvió a lo largo de los últimos años en busca de la gloria, y la han encontrado.
“Siempre tuve la misma ilusión. Desde que era chico y venía a la cancha soñé con ver a Belgrano campeón. Cuando empecé a jugar y me tocó irme, siempre dije: ‘Voy a tratar de volver joven para ayudar al equipo a lograr un título en Primera’. Y lo logramos. Es inexplicable. Volví para esto”, afirmó Zelarayán, capturando el significado de su logro.
Respecto a la clave para derrotar a River, destacó: “Nunca nos dimos por vencidos. Lo vivimos también ante Argentinos, que estuvimos dos veces en desventaja. Lo fuimos a buscar porque tenemos corazón, sentido de pertenencia. Lo hicimos por la gente, por la familia. Sabíamos que lo íbamos a dar vuelta.”
El capitán de Belgrano, un talentoso número 10 con una pegada excepcional, experimentó la consagración con la alegría de un niño. Lloró durante la entrega de la Copa, y sus palabras, cargadas de emoción, quedarán grabadas en la memoria colectiva de los hinchas.
“Tuve una pérdida de mi tío, la familia la pasó mal. No lo tengo más físicamente pero está conmigo. Estuvo acá, estuvo presente y nos ayudó a salir campeones”, expresó entre lágrimas, dejando entrever el profundo lazo emocional que lo une a su familia.
El arraigo de Zelarayán con Belgrano se forjó desde su niñez. Proviene de una familia apasionada por el club y desde pequeño asistía a la popular del estadio en Barrio Alberdi. Por ello, la ilusión de ser campeón era un anhelo compartido con su círculo familiar, que estuvo presente en el Kempes apoyándolo en la consagración. En su mente, lo alentaban desde el cielo su abuela Delly y sus tíos, especialmente Billy, quien inculcó este amor por el equipo.
En la casa de sus padres, aún adorna un póster de su primer gol en Primera, que curiosamente fue contra River, otorgándole una victoria a Belgrano por 2 a 1 en el Kempes, el 6 de abril de 2014, solo dos años después de su debut.
A finales de 2015, se trasladó a Tigres de México, donde se destacó, iniciando un trayecto internacional que incluyó el Columbus Crew en la MLS y el Al Fateh en Arabia Saudita, antes de regresar a su hogar en enero de 2025. Durante ese tiempo, casi regresa a Argentina, específicamente a River, donde Marcelo Gallardo mostró interés en 2018, pero las negociaciones no prosperaron y el equipo finalmente contrató a Juan Fernando Quintero, quien se convirtió en leyenda por su gol en la final de la Copa Libertadores.
“Valió la pena todo… Hoy más de la mitad de Córdoba va a andar teñido de celeste”, expresó el enganche, y no sin razón, ya que muchos seguidores lo imitaron, tiñéndose el pelo de celeste tras la histórica victoria ante Talleres en los octavos de final de los Playoffs.
Padre de Bautista y Celeste, y esposo de Paulo Juncos, el Chino disfruta del tiempo en familia. Es hijo de Mario y Liliana, trabajadores incansables que, gracias a él, pudieron disfrutar de sus primeras vacaciones fuera de Córdoba y del país. Cada fin de año, visita el pueblo de su padre, San Francisco del Chañar, donde comparte partidos de fútbol y asados.
Como buen cordobés, es un amante del cuarteto y, cuando puede, asiste a los shows del cantante Daniel Córdoba.
En una plaza de Residencial Oeste, donde creció, se le erigió un mural. Es probable que pronto le hagan uno en Alberdi, vistiendo la camiseta de Belgrano, el club que lo hizo soñar. Quizás incluso una estatua, como piden fervientemente los hinchas. Su nombre ya ocupa un lugar en la historia del club, venerado por abuelos, padres e hijos.
“Fue una película,” comentó Zelarayán al concluir la final. Esta frase encapsula a la perfección su historia con Belgrano, su pasión, su futbol y su vida.





