La historia de Messi con la albiceleste comenzó el 17 de agosto de 2005 en Budapest, donde a tan solo 18 años debutó con la camiseta número 18 en un amistoso contra Hungría. Sin embargo, su experiencia como jugador debutante fue poco convencional; apenas 40 segundos después de entrar al campo, el árbitro lo expulsó por un supuesto codazo, un comienzo inusual y casi cruel para un jugador que, dos décadas después, se ha erigido como el mayor ícono futbolístico de Argentina. Ese insólito debut fue solo el primer capítulo de una historia que, veinte años después, se cierra con una carta repleta de gratitud, dolor y una serenidad que solo se logra tras haber dado todo por amor al fútbol.
“Después de este tiempo que pasó desde la final, pensándolo mucho, quiero comunicarles a todos que me retiro de la Selección…”, inicia Messi su emotivo mensaje, refiriéndose a la última final que disputó con el equipo nacional. A pesar de que su carrera estuvo llena de finales, logró alzar el título del Mundial de 2022 en Qatar y participó en las finales de 2014 y 2016, fue la reciente derrota ante España la que lo llevó a su decisión de colgar los botines con la selección a los 39 años.
Poco después de culminar ese Mundial, Messi no pudo ocultar el dolor que sentía. “El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida”, había compartido en ese momento, dejando entrever la desilusión de haber estado tan cerca de un nuevo trofeo. Esa herida se hizo más evidente semanas después, lo que terminó por convencerlo de que su ciclo con la selección debía cerrarse. “Fue una decisión que dolió y duele en el alma, pero entiendo que es el momento”, añadió en su carta, recordando su papel como figura que había llevado alegría a millones de argentinos, quienes lo siguieron incluso desde la distancia, como en Estados Unidos, donde el equipo nacional se concentró durante el Mundial y donde Messi celebró su 39º cumpleaños —un detalle que no pasó desapercibido, ya que su fecha de nacimiento, el 24 de junio de 1987, a menudo coincide con los compromisos internacionales del equipo.
No obstante, para entender la magnitud de esta despedida, es necesario retroceder a los años en que su camino no parecía despejado. Desde 2007 a 2016, la trayectoria de Messi con la camiseta argentina estuvo marcada por actuaciones memorables que, sin embargo, no se traducían en títulos. En la Copa América 2007, celebrada en Venezuela, Argentina llegó a la final, pero una derrota ante Brasil frustró las esperanzas; Messi, que apenas contaba con 20 años, fue reconocido como el mejor jugador joven del torneo, un galardón agridulce en el marco de una decepción. El año siguiente, Messi y su selección vivieron una alegría diferente al conseguir la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Sin embargo, el verdadero desafío se presentó cuando asumió la capitanía en 2011. Entre 2014 y 2016, Messi guió a Argentina a tres finales consecutivas de torneos importantes, pero en todas ellas el trofeo se le escapó. En el Mundial de Brasil 2014, la selección cayó 1-0 ante Alemania en el Maracaná; un gol de Mario Götze en el minuto 113 del tiempo suplementario ejecutó el sueño del campeonato. A pesar de la derrota, Messi fue galardonado con el Balón de Oro del torneo, convirtiéndose en el primer jugador de un equipo perdedor en recibir tal distinción. En 2015, en la Copa América de Chile, el destino le volvió a dar la espalda, ya que tras un empate 0-0 en la final, Argentina perdió nuevamente por penales. En 2016, otra vez frente a Chile, en la Copa América Centenario en Estados Unidos, el dolor se reavivó: Messi falló un penalti en la tanda decisiva, lo que lo llevó a anunciar su primera retirada de la selección.
“Para mí la selección terminó. Ya está, son cuatro finales, lo intenté. Duele no ser campeón”, reconoció Messi en esa desgarradora ocasión. Su anuncio generó un revuelo en el fútbol argentino, y llevando la voz del pueblo, surgió una campaña para convencerlo de que regresara. El destino, sin embargo, tenía otros planes: Messi regresó a la selección y, con el tiempo, logró cambiar el rumbo de esa racha de derrotas por una secuencia de triunfos.
El giro comenzó el 10 de julio de 2021, cuando en el mismo escenario del dolor de siete años antes, el Maracaná, la selección argentina venció a Brasil 1-0 y se coronó campeona de la Copa América. Este título representó un punto de inflexión y el inicio de una nueva era bajo el liderazgo de un Messi que, a partir de ese momento, comenzó a sumar trofeos mientras era vitoreado por un público que lo siguió incondicionalmente.
Con esta historia en la mente, el enfoque en la carta de despedida se vuelve aún más claro. Fue escrita con una lapicera decorada con un giratiempos, uno de los artefactos de la saga de Harry Potter que permite volver al pasado y revivir momentos únicos, casi como si el tiempo pudiera plegarse para ofrecer una segunda oportunidad de experimentar de nuevo todo. Es importante señalar que tanto Messi como su esposa Antonela Roccuzzo y sus hijos, Thiago, Mateo y Ciro, son aficionados a la saga del joven mago.
“Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho. Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, escribió el argentino en el centro de su mensaje. Estas palabras reflejan el infinito compromiso que solo unos pocos se atreven a ofrecer sin reservas. Durante veinte años, Messi se ha desempeñado en las canchas con la camiseta albiceleste como si en cada partido estuviera en juego algo más grande que un simple resultado. Porque de alguna manera, así lo sentía: era la posibilidad de devolver al país, a través del fútbol, algo de la alegría que Argentina le brindó a él desde niño. Su última actuación en el Mundial 2026 fue un tributo al esfuerzo: se preparó durante un año, entrenando en sesiones dobles y triples, en silencio y sin estridencias. En esa competencia, realizó ocho goles y brindó cuatro asistencias, como si estuviera en el auge de su juventud.
Cada grito de gol, cada pase preciso, cada Copa América y cada jornada inolvidable en Qatar, levantando el trofeo que durante tanto tiempo se le había negado a Argentina, todo eso fue, en el fondo, un acto de amor sostenido en el tiempo. Ahora, ese amor abre el camino a las nuevas generaciones, quienes, inmediatamente después del anuncio de su retiro, demostraron admiración hacia el 10, expresando su humanidad y agradecimiento en cartas y gestos significativos.
El mensaje también incluyó una despedida diferente, al dejar de ser el protagonista para convertirse en un espectador que alienta. “Gracias por todo el cariño de estos 20 años. Voy a extrañar mucho escucharlos desde adentro. Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera (en las buenas y en las malas, mucho más)”, manifestó Messi, con la conciencia de que a partir de ahora, ocupará otro papel, como cualquier hincha.
En su mensaje, no faltaron los agradecimientos a quienes lo apoyaron en las sombras. “Gracias a mi familia por estar siempre, por acompañarme en este viaje tan hermoso pero difícil. Gracias a cada uno de los entrenadores, compañeros y dirigentes con los que compartí. Me llevo recuerdos y momentos inolvidables vividos”, concluyó Messi, antes de cerrar esa sección con una frase que condensa el balance de dos décadas: “Me voy con la tranquilidad y el orgullo de haberles regalado, junto con mis compañeros, momentos soñados. Fue una locura haberlo vivido con ustedes. ¡Los quiero!”
Cerca del final de la carta, expresó: “Gracias Dios por hacerme argentino”. Detrás de esas palabras subyace una herida antigua que Messi ha llevado durante gran parte de su carrera. A lo largo de los años, una parte del folclore futbolístico argentino le reprochó no sentir los colores con la intensidad de otros jugadores, como Maradona. Desde que se fue a España a los 13 años y se formó en el Barcelona, surgieron dudas sobre su compromiso. Críticas sobre cómo no cantaba el himno con la misma energía, o si su corazón pertenecía más al club catalán que a la camiseta celeste y blanca, pesaron en su trayectoria. Una presión injusta y desgastante, que lo acompañó a lo largo de su carrera internacional, incluso en años donde luchó y perdió finales, llorando como cualquier hincha. Pero ahora, dos décadas después, lo manifestó desde una posición que no necesita demostrar nada a nadie, porque ya lo ha hecho todo: con dos Copas América, una Finalissima y un Mundial de Qatar como capitán. “¡Vamos Argentina!”, también resonó en su carta, un grito que lo ha acompañado durante toda su carrera y que, ahora, seguirá siendo parte de su vida desde un lugar distinto.
Finalmente, el mensaje más significativo llegó al final del texto: “*Estas palabras las escribí el 21 de julio, dos días después de la final. Hoy, después de lo de mi papá, estoy más convencido que antes.” Con esta revelación, Messi dejó claro que su carta fue redactada solo 48 horas tras perder la final del Mundial 2026 ante España, en un momento donde el dolor de esa derrota aún estaba presente y sin poder procesarlo completamente. Ya en ese instante, sentía que su ciclo se había cerrado, lo que lo llevó a sentarse a escribir. No fue en la euforia de un festejo, ni en un calentón de una derrota pasajera; lo hizo durante uno de los momentos más intensos que vive un futbolista: la noche posterior a no lograr la despedida soñada.
La carta se vio impactada por una pérdida personal significativa, que no está asociada al fútbol. La muerte de su padre, Jorge, trajo un dolor personal irreparable, al tiempo que ofreció una nueva perspectiva sobre el paso del tiempo. Esto fue implícito en un mensaje que Messi compartió poco después de su partida, donde compartió fotografías junto a él y manifestó: “No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir. Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más”. Su padre fue una figura clave en su trayectoria: quien lo acompañó en sus inicios, negoció sus primeros contratos y estuvo presente en cada etapa de su carrera. Perderlo, en el contexto de su reciente reflexión sobre el retiro, terminó de convencerlo de despedir un ciclo que quedará grabado en la memoria colectiva de una nación entera.



