“Todos los viajes tienen algo. Mi trabajo lo tomé de una forma placentera”, destacó.
Cada vez que concluye una descarga, Claudia se toma un tiempo para conocer la ciudad en la que se encuentra. Disfruta caminar, aprender sobre su historia y descubrir rincones que generalmente quedan ocultos para quienes solo están de paso. “Siempre se encuentran cosas culturales, arquitectónicas, naturales, reservas o historias de cada lugar”, afirmó.
Luego, comparte estas experiencias en sus cuentas de Instagram, Facebook y TikTok. “Mis seguidores realmente agradecen cada vez que voy a algún lugar porque ya están pendientes de qué les voy a mostrar. Eso me da un empujoncito más para que ellos también puedan disfrutar lo que yo hago”.
La jornada se inicia al recibir la autorización para cargar. “Nos dan el visto bueno para hacer carga. Nosotros cargamos en Unilever Tortuguitas para todo el país. La empresa tiene unos 12 o 13 camiones y cada uno toma distintos rumbos. A veces salimos acompañados y otras veces no”, relató.
Una vez que el semirremolque está cargado, comienza el viaje. “Se trata de llegar en la madrugada para lograr el primer puesto. Creo que se tarda más en la descarga que en el viaje”, agregó.
Al llegar a su destino, inicia otra parte del trabajo, menos visible para quienes ven pasar un camión. “Tengo que correr todas las cortinas, desenganchar todo, sacar los parantes. Hay que usar zapatos de seguridad, guantes y, en algunos lugares, casco, chaleco reflectivo y hasta anteojos cuando hay mucho viento porque se llena de arena”, explicó.
En maniobras complicadas no duda en solicitar ayuda. “Todo el mundo te dice: ‘Si no podés, pedí ayuda, no tengas miedo’. Eso también me dio un poquito más de confianza”, aseveró.
La profesión de camionera conlleva pasar numerosos días lejos de casa, en ocasiones, incluso varias semanas. “La vida arriba de un camión no es fácil porque te alejás de tu familia y de tus amistades”, confesó Claudia.
Sin embargo, trata de organizar su tiempo para aprovechar los momentos en que pasa cerca de su ciudad. “A veces nos dan un día de pasada y, si justo paso por Venado Tuerto, aprovecho para disfrutar ese día”, añadió.
Al finalizar su jornada, Claudia prioriza descansar en lugares donde se sienta segura. “Habitualmente, trato de estar en estaciones de servicio porque nos brindan duchas, baños las 24 horas, combustible y seguridad. Eso te permite bajar del vehículo y salir a recorrer tranquila”, comentó.
Aunque cada recorrido le deja experiencias variadas, recuerda con particular cariño un viaje: “El viaje que más me marcó fue el que hice a Ushuaia”.
La experiencia no solo se debió a la distancia recorrida. “Encontré gente muy buena, ya somos amigos hace casi un año. La experiencia es de alta montaña, los paisajes increíbles, cruzar el canal en una barcaza, estar en la ciudad del fin del mundo y vivir distintos climas son cosas que realmente te marcan”, relató.
También guarda en su memoria imágenes que la sorprenden al recordarlas. “En Cutral Co vi más de 500 camiones esperando para cruzar la cordillera. Y en Zapala me pasó de llegar sin ver ninguno y, dos minutos después, encontrar toda una colectora llena”, recordó.
A diferencia de lo que muchos piensan, su mayor preocupación no son las largas horas de manejo. “Mi mayor miedo son los baches en la ruta”, explicó, advirtiendo que pueden causar desde roturas hasta la pérdida del control del vehículo. “Te sacan, te descontrolan y podés llegar a tener roturas. A eso sí le tengo un cierto recelo”, dijo.
Presta especial atención a los cambios climáticos. “Puede pasar de un extremo calor a un extremo frío, con vientos, tormentas y lluvias”, comentó.
Cuando le plantean si no se aburre de conducir tantas horas, responde que se siente estimulada por todo lo que encuentra en su camino. “Trato de viajar de día por el hecho de los paisajes, que así vayas diez veces al mismo lugar, siempre son distintos. Desde un amanecer, un atardecer o las diferentes estaciones del año. En todas, los paisajes cambian terriblemente. Eso es muy lindo, realmente”, expresó.
Claudia, oriunda de Venado Tuerto, vivió parte de su infancia en el campo. Antes de ser camionera, estudió modelaje, cursó inglés, inició la carrera de Contador Público y obtuvo licencias de piloto de planeador y de avión. “Creo que el hecho de subirme a un camión no le tuve miedo realmente”, reflexionó.
Aún le queda un sueño por cumplir: “Me gustaría volver a retomar la actividad y poder ser piloto de avión”.
Las largas distancias la han llevado a adoptar hábitos para mantener un estado físico adecuado. Siempre que tiene oportunidad, sale a caminar o andar en bicicleta, y cuida su alimentación. “Tenemos heladera en el camión. A veces cocinamos y otras compramos, pero como frutas, verduras, lácteos y carnes”, detalló.
A esto se suma una adecuada hidratación: “Mucha agua. Creo que eso te mantiene mucho mejor en el estado físico”. Además, enfatiza que nunca fumó y consume alcohol solo cuando sabe que al día siguiente no tiene que salir a la ruta.
Durante años, su perro la acompañó en sus viajes cuando tenía su propio camión, pero actualmente ya no puede hacerlo debido a que las empresas prohíben llevar mascotas y porque los viajes son demasiado largos. “He estado hasta un mes y una semana afuera, por lo tanto no podés convivir con un animal arriba del camión”, señaló.
Tras tantos kilómetros recorridos, ha aprendido a valorar los momentos de soledad. “Hoy estoy bien conmigo misma. Me disfruto mucho. Desde sentarme sola a comer, disfrutar un café con un regio pedazo de torta o comprarme algo lindo del lugar. Hay muchas cosas que uno puede llegar a hacer sin tener que estar dependiendo de nadie”, concluyó.
Para Claudia, la ruta se ha convertido en algo más que un simple lugar de trabajo. Es el escenario donde combina su profesión con el anhelo constante de descubrir nuevos destinos, descubrir historias y seguir acumulando experiencias en cada kilómetro que recorre.





