La decisión de formar una familia se toma mucho antes del embarazo, ya que la historia personal y las experiencias de vida, así como las percepciones individuales sobre la maternidad y la paternidad, juegan un papel crucial en cómo se imagina este proyecto. Por lo tanto, establecer espacios de conversación antes de concebir es fundamental para expresar deseos, expectativas y posibles diferencias. Esta reflexión surge en el contexto del Día Internacional de la Planificación Familiar, un evento que tiene como objetivo informar sobre la salud sexual y promover el uso de métodos anticonceptivos, permitiendo así elegir de manera libre cuántos hijos se desean y en qué momento tenerlos. Según la psicóloga Soledad Dawson, directora de la Maestría y Especialización en Vínculos y Familia de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, “Estos intercambios permiten construir un proyecto compartido y asumir de manera conjunta una decisión que no involucra únicamente a la pareja, sino también al entorno familiar que acompañará la crianza”. Además del fortalecimiento de la comunicación, estas conversaciones permiten anticipar decisiones relacionadas con la salud, la organización del día a día, la economía familiar y la crianza futura, al tiempo que facilitan la identificación de diferencias. “Muchas veces, los tiempos o las expectativas de cada integrante de la pareja no son los mismos. Poder reconocer esas diferencias y revisarlas en función de un proyecto compartido fortalece el vínculo y permite construir nuevas posibilidades”, agregó la especialista. En la actualidad, muchas personas buscan equilibrar el deseo de tener hijos con sus proyectos personales, académicos y laborales. La búsqueda de estabilidad económica, el desarrollo profesional y la culminación de estudios suelen determinar el momento en que se decide formar una familia. “Los tiempos y las formas de construir una familia pueden ser diferentes para cada integrante de la pareja. Hoy existen diversos proyectos de vida y muchas personas priorizan alcanzar ciertos objetivos antes de pensar en la maternidad o la paternidad”, explicó Dawson. También ha cambiado el concepto de redes de apoyo. Si en el pasado eran las abuelas, tías o amigas quienes colaboraban en la crianza, hoy muchas de estas figuras deben continuar trabajando o retomar proyectos personales que habían dejado de lado. Otro punto crucial es la distribución de las tareas de cuidado desde el inicio del proyecto familiar. Aunque se han registrado avances en materia de igualdad de género y en la diversidad de configuraciones familiares, persisten modelos donde los hombres son vistos como quienes “ayudan” en lugar de compartir la responsabilidad de manera equitativa. “La corresponsabilidad comienza antes del nacimiento. Implica que ambos integrantes de la pareja entiendan que deben reorganizar tiempos, rutinas y responsabilidades para participar activamente en la crianza. Es necesario progresar hacia una mayor equidad también en las licencias y permisos laborales, para que el cuidado pueda ser realmente compartido”, enfatizó Dawson. Establecer acuerdos desde el principio permite distribuir las tareas según las necesidades y posibilidades de cada familia, despojándose de estereotipos de género. “Redefinir los roles tradicionales promueve una maternidad más independiente y ofrece al padre la oportunidad de convertirse en un cuidador primario y emocionalmente presente”, subrayó la especialista. Una distribución más equitativa no solo ayuda a aliviar la carga física, mental y emocional, sino que también fortalece la relación de pareja y favorece que ambos puedan desarrollar sus proyectos personales y profesionales, al tiempo que brinda a los hijos un entorno donde la equidad y el cuidado compartido son parte de lo cotidiano. En resumen, planificar una familia va más allá de decidir cuándo tener hijos; se trata de construir un proyecto común basado en el diálogo, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo, sentando las bases del bienestar familiar y una crianza consciente.
Nº Edición: 235





