Aunque no se considera una visita de evaluación, el organismo internacional mantiene un seguimiento cercano de la situación argentina, que es su principal deudor. El país ha logrado mantenerse dentro de los acuerdos establecidos, pero ha recibido asistencia. Las metas fijadas tras la primera revisión, donde no se cumplió con la acumulación de reservas, fueron significativamente ajustadas.
Con menores exigencias, Buenos Aires logró formalmente cumplir con los estándares. En lo que respecta al superávit fiscal, la meta inicial era de $8,46 billones para junio de este año, cifra que se redujo a $6,8 billones después de la segunda revisión. A pesar de estos ajustes, el objetivo quedó fuera de alcance por un margen de aproximadamente $574.000 millones, aunque se considera que podría ser validado en la próxima reunión del personal técnico.
Por otro lado, el déficit del mes pasado, que alcanzó los $1 billón, fue resultado de la postergación del Impuesto a las Ganancias de las personas, cuestión que se generó a raíz de los retrasos en la presentación en el Congreso de la Inocencia Fiscal II. Los nuevos lineamientos para el Impuesto a las Ganancias Simplificado ya estaban listos hace un mes, pero la salida del ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, complicó la situación.
Se estima que si los vencimientos hubieran sucedido en junio, como es habitual, se habría logrado el objetivo, aunque con poco margen. La mayor dificultad que enfrenta el programa radica en la debilidad fiscal provocada por la baja actividad económica. Tanto la industria como el comercio, que son los motores del consumo y de la recaudación de impuestos como el IVA, continúan en declive.
Además, alrededor de 6 millones de personas están teniendo dificultades para saldar los créditos contraídos con las tarjetas, en muchos casos utilizados para llegar a fin de mes. El Gobierno aspira a que el mercado encuentre soluciones, pero analistas coinciden en que esto se ha convertido en un obstáculo macroeconómico que impide la recuperación de la actividad y, por ende, el aumento en la recaudación impositiva.
En cuanto a la acumulación de reservas, el Banco Central ha superado lo previsto. Para el 31 de junio, se esperaba que la entidad encabezada por Santiago Bausili sumara u$s3.500 millones, pero logró alcanzar u$s6.278 millones, de acuerdo a estimaciones de una consultora. Esto implica que se requiere adquirir otros u$s1.700 millones hasta fin de año. Es importante señalar que la acumulación de dólares por parte de la autoridad monetaria, que está adquiriendo a un ritmo de u$s100 millones diarios, se compensa con el freno a las importaciones, ya que la actividad industrial estancada demanda menos insumos y bienes intermedios, lo que limita la demanda en el mercado. A su vez, persiste un sector del control de cambios que afecta a las empresas, permitiendo que el Banco Central se posicione como el principal demandante de dólares.





