A través de un comunicado, el Fondo agradeció la recepción de las autoridades argentinas y señaló que las conversaciones entre su personal técnico y el Gobierno continuarán. No se informaron avances concretos ni acuerdos alcanzados durante las reuniones y se indicó que habrá más detalles “a su debido tiempo”.
Uno de los principales puntos pendientes está relacionado con la meta fiscal del primer semestre. Entre enero y junio de 2026, el Gobierno registró un superávit primario de $6,29 billones, frente a un objetivo de $6,86 billones al 30 de junio. El resultado implicó un desvío de $573.974 millones.
La meta ya había sido reducida por el propio FMI antes de finalizar junio. El objetivo original era de $8,46 billones y posteriormente fue recortado en $1,60 billones hasta quedar establecido en $6,86 billones. Ante el incumplimiento, el equipo económico deberá solicitar una nueva dispensa al organismo para avanzar con la aprobación de la revisión.
En cambio, la Argentina logró cumplir la meta vinculada con las reservas netas, algo que ocurrió por primera vez desde la firma del programa en 2025. Al 30 de junio, la variación acumulada desde fines de 2024 fue de -USD 3.111 millones, mientras que el objetivo establecido permitía una variación de hasta -USD 8.600 millones.
Sin embargo, el cumplimiento estuvo condicionado por modificaciones realizadas previamente por el propio FMI tanto en las exigencias como en la metodología de cálculo. En la revisión de mayo, el organismo había reducido en USD 11.800 millones el objetivo de acumulación de reservas para junio. La meta inicial contemplaba una variación positiva de USD 3.200 millones y luego fue modificada a -USD 8.600 millones.
El economista Hernán Letcher señaló que, sin ese cambio, el Gobierno habría necesitado acumular USD 6.311 millones adicionales para alcanzar el objetivo original.
La aprobación de la tercera revisión es relevante para la posición de reservas del Banco Central. La semana pasada, el Gobierno afrontó un vencimiento de USD 800 millones con el FMI, tras lo cual las reservas brutas se ubicaron en torno a los USD 47.000 millones.
El pago se realizó con depósitos en moneda extranjera del Tesoro en el Banco Central. Al 25 de septiembre, esos fondos habían disminuido alrededor de USD 1.400 millones. A su vez, se espera que parte de esa reducción sea compensada con un desembolso pendiente de USD 1.000 millones.
En paralelo, el Banco Central aceleró sus compras de divisas. Este martes adquirió USD 70 millones en el mercado, una intervención superior a la registrada durante jornadas anteriores, en las que la entidad no había realizado compras.
Las adquisiciones acumuladas durante el año ya superaron los USD 14.400 millones, por encima de la meta de USD 10.000 millones establecida para 2026. A partir de este escenario, continúa el debate sobre el ritmo que debería mantener el Banco Central: una parte de los economistas cercanos al Gobierno considera que una menor intervención permitiría evitar una mayor salida de pesos y favorecer el crédito, mientras que también se analiza la necesidad de seguir fortaleciendo las reservas en un año electoral.
El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que las compras podrían alcanzar entre USD 20.000 millones y USD 30.000 millones. Según explicó, si se mantiene el ritmo actual, la acumulación podría ubicarse en el rango superior de esa estimación.
El Gobierno también contabiliza esas compras dentro de los recursos que tendría disponibles frente a un eventual escenario de presión cambiaria antes de las elecciones presidenciales del próximo año. El cálculo oficial contempla un total de USD 75.000 millones, incluyendo swaps con China y Estados Unidos por USD 20.000 millones cada uno y otros USD 15.000 millones destinados a intervenir en el mercado de futuros del dólar.





