La clave radica en un tipo de célula inmunitaria presente en la circulación sanguínea, que juega un papel en el envejecimiento cognitivo. Al inhibir sus efectos, es posible revertir algunos de los cambios que ocurren de manera natural con el paso del tiempo.
“Las células T desempeñan muchas funciones, principalmente la eliminación de patógenos. Sin embargo, con la edad, un subconjunto de estas células T, conocido como células CD8, comienza a infiltrarse en el tejido cerebral, donde liberan una enzima que induce inflamación y dificulta la regeneración de las células cerebrales”, señala el estudio publicado en Nature.
A pesar de que un número significativo de células CD8 permanece en la sangre, su implicación en el envejecimiento no había sido comprendida hasta ahora. En el nuevo estudio, los investigadores demostraron que esta gran población de linfocitos T “no infiltrantes” juega un papel activo en el deterioro de la función cognitiva.
Esa revelación es crucial, dado las oportunidades de tratamiento que podría abrir, ya que, según los autores, bloquear estos efectos en el torrente sanguíneo podría resultar más práctico que atacar directamente las células en el cerebro.
“Ni siquiera necesitamos acceder al cerebro para abordar el deterioro cognitivo”, sostiene el neurocientífico Saul Villeda, quien es uno de los firmantes del estudio. “Podemos bloquear ciertas sustancias en la sangre para influir en la memoria”, añade, subrayando que este enfoque representa una opción menos invasiva y más efectiva.
Este descubrimiento ha sorprendido a la comunidad científica, ya que se desconocía que las células CD8 pudieran afectar el cerebro desde el exterior. “Revela algo completamente nuevo”, afirma Paloma Navarro Negredo, neuroinmunóloga del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana, en un comentario en Nature.
El equipo de Villeda aplicó una técnica quirúrgica llamada parabiosis, la cual une los sistemas circulatorios de dos ratones: uno viejo y otro joven. Su objetivo era examinar si las células inmunitarias jóvenes se veían afectadas por la sangre de los ratones más viejos, y viceversa. No se observaron cambios en el comportamiento celular, lo que sugiere, según Villeda, que las células CD8 envejecidas y no infiltrantes son las que provocan el envejecimiento, en lugar de estar influidas por otros factores.
Para investigar el papel de las células CD8 envejecidas que no infiltran, los investigadores inyectaron estas células en un grupo de ratones jóvenes.





